Imaginen Tainan en 1663. Koxinga, que había expulsado de la isla a los neerlandeses, ya había fallecido, y su hijo Zheng Jing, que vivió de 1642 a 1681, asumió la tarea de recordarlo. Su respuesta no fue un gran monumento estatal. Fue un santuario familiar, un lugar donde un clan se reúne para honrar a su fundador. Ahí reside la esencia de la identidad del edificio. El culto a los antepasados atraviesa la vida de Asia Oriental, y los santuarios de clan suelen erigirse para honrar al fundador de una línea. Aquí el fundador era una figura famosa, pero el gesto era personal: un hijo que construye un hogar para la memoria de su padre. El nombre del santuario también cambió con los tiempos. Cuando Taiwán pasó a formar parte de la dinastía Qing, fue rebautizado como Santuario Ancestral de los Zheng, en chino Zhengshi Dazongci, el gran salón ancestral del clan Zheng. Hoy el nombre oficial es Santuario Ancestral de Koxinga. El nombre ha cambiado, pero la idea que lo sustenta se ha mantenido igual.