Nuestra historia comienza con la muerte de Ieyasu el día diecisiete del cuarto mes de 1616, a la edad de 75 años. Fue sepultado por primera vez en Kunozan, en lo que hoy es la prefectura de Shizuoka. Pero Ieyasu había dejado instrucciones, y en 1617 su hijo, el segundo shogun Hidetada, hizo trasladar de nuevo los restos, esta vez a Nikko. Aquel traslado fue una larga procesión. Partió de Kunozan el día quince del tercer mes, deteniéndose en una estación de postas tras otra a lo largo del camino. El día veintitrés llegó a Kitain, aquí en Kawagoe, y los restos fueron llevados al gran salón del templo, el Yakushido, que más tarde pasó a conocerse como Toshogu Honjido. Así fue como un rincón tranquilo de Kawagoe pasó a formar parte de la historia de Ieyasu. El santuario fue fundado por Tenkai, el vigésimo séptimo sacerdote principal de Kitain, para conmemorar aquella parada. Por eso, cuando te detienes aquí, estás en un lugar donde se detuvo la procesión fúnebre del hombre que fundó el shogunato Tokugawa, de camino a Nikko.