Baja de la Acrópolis al Ágora Antigua, diez minutos a pie en cuesta, y pasarás del santuario al corazón civil de la ciudad clásica. El Ágora es el mejor conservado de los centros urbanos de la Grecia clásica: aquí los atenienses se reunían para comerciar, votar, rendir culto y discutir las ideas que acabaron dando forma a la democracia occidental. Sócrates paseaba por estos soportales haciendo preguntas incómodas, y en la Stoa Poikile, cuyos restos se intuyen, enseñó Zenón, el fundador del estoicismo: de ahí viene el nombre de la escuela. Lo más fotogénico es el templo de Hefesto, el mejor conservado del mundo griego, que se salvó porque se convirtió en iglesia; a su lado, la Stoa de Atalo, reconstruida en el siglo XX, alberga el museo del yacimiento con objetos cotidianos que devuelven la vida al lugar: monedas, ánforas, pesas de telar. Dedícale casi dos horas: la sombra es escasa, pero el paseo entre olivos y mármoles es de los más evocadores de Atenas.
Notas
El Ágora está a diez minutos a pie en cuesta desde la Acrópolis, así que es la continuación natural de la visita matinal. La Stoa de Atalo tiene sombra y baños, y su museo merece veinte minutos. En las horas centrales no hay apenas árboles: lleva agua y gorra.