Qué ver en París en 3 días: itinerario día a día

Respuesta rápida. El primer día, la Sainte-Chapelle, Notre-Dame, el Marché aux Fleurs y un paseo por el Marais hasta la Place des Vosges. El segundo, Montmartre entero: Sacré-Cœur, Place du Tertre, el Clos Montmartre, la Rue Lepic y el atardecer desde la escalinata. El tercero, la Torre Eiffel desde el Trocadéro, el Campo de Marte, la Rue Cler y el Puente Alejandro III.

  • Fechas del plan: 15–17 de abril
  • 3 días
  • 19 paradas
  • 7 audioguías en la ruta
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Mappu planificó esta ruta según sus fechas: el tiempo, los atardeceres y los días de apertura. Abre el planificador con el destino y la duración ya rellenados; tú eliges las fechas, el ritmo y los intereses. Para generar el plan completo necesitas una cuenta gratuita.

Qué verás cada día

Cada día en pocas líneas. Las paradas con audioguía de Mappu enlazan directamente a ella, para escucharla allí o antes de ir.

  1. Día 1 · Llegada a París: la Île de la Cité al atardecer y el Marais de bienvenida

    Llegada a Charles de Gaulle, base en el Marais, Sainte-Chapelle, Notre-Dame y Marché aux Fleurs, paseo hasta la Place des Vosges y cena de falafel en la Rue des Rosiers.

    Paseo por libre para este día

  2. Día 2 · Montmartre entero: del Sacré-Cœur a la Rue Lepic, con atardecer sobre los tejados

    Montmartre de punta a punta, del Sacré-Cœur y la Place du Tertre a la Rue des Saules, Abbesses y la Rue Lepic, con atardecer en la escalinata y cena en Bouillon Pigalle.

  3. Día 3 · La Torre Eiffel de frente: Trocadéro y Campo de Marte antes de poner rumbo a casa

    La Torre Eiffel desde el Trocadéro, el Campo de Marte, un pícnic con lo comprado en la Rue Cler y el Puente Alejandro III antes de volver a por las maletas.

    Paseo por libre para este día

El itinerario completo, con mapa y notas de viaje

Cada parada con sus notas, la ruta en el mapa y consejos de transporte, presupuesto y equipaje.

Itinerario de 3 días en París
Notre-Dame, la Sainte-Chapelle, el Marais, Montmartre, el Sacré-Cœur y la Torre Eiffel

Planificado con Mappu

París: tres días entre vitrales, colinas y mercados de barrio

✈️

Vuelo

Aeropuerto de París-Charles de Gaulle (CDG) → Le Marais

abr 15 | jue

Llegada a París: la Île de la Cité al atardecer y el Marais de bienvenida
Abril es primavera plena en el hemisferio norte y París lo celebra: castaños y cerezos en flor, terrazas que vuelven a llenarse y días largos, con anocheceres cerca de las nueve de la noche. Las temperaturas suelen moverse entre unos 7 y 17 °C, y los chubascos son frecuentes aunque breves, así que el plan va por capas: chaqueta impermeable fina, jersey, calzado cómodo ya domado y una bufanda ligera para las noches junto al río. Al ser temporada alta de primavera, con la Pascua recién pasada y las ferias de arte en marcha, conviene reservar con antelación todo lo que tenga hora fija —la Sainte-Chapelle, las cenas del fin de semana— y dejar los grandes museos para otra visita: aquí preferimos vidrieras, colinas y mercados. Si cae un aguacero, el plan B es de lujo: Sainte-Chapelle, los soportales de la Place des Vosges y las tiendas gastronómicas del Marais.
Llegada a París por el Aeropuerto Charles de Gaulle
El viaje empieza en el aeropuerto: sea cual sea vuestra ciudad de origen, el aterrizaje en el Aeropuerto de París-Charles de Gaulle deja a las puertas de la ciudad. Antes de salir, respirad: recoged la maleta y seguid las señales de «Sortie» y de «Paris par train». El aeropuerto es un pequeño mundo de varias terminales conectadas entre sí por el tren lanzadera CDGVAL, con una estación de tren de cercanías integrada en el complejo y con paradas de autobús y de taxi en el exterior de las llegadas. Como la hora exacta de vuestro vuelo todavía no está fijada, este primer día está escrito como una secuencia de ventanas flexibles: la llegada, el traslado y el registro no llevan hora cerrada, y la visita a la Île de la Cité es la única parada con reserva de hora fija. Si aterrizáis por la mañana tendréis tiempo de sobra para todo; si llegáis a media tarde, id directos a la isla y dejad las compras del Marais para después de cenar.

Notas

Llevad a mano el pasaporte, el cargador y una muda ligera: las maletas pueden tardar en aparecer en la cinta. Los tiempos de hoy no están cerrados, así que ajustad el orden según la hora real de aterrizaje.
Tenéis tres vías razonables, y la elección depende de cuánto os pese la maleta. La primera es el tren de cercanías que sale de la propia estación del aeropuerto y enlaza con el centro: la línea la operan la RATP y la SNCF, y la app de la RATP —con planificador y avisos de obras— es la herramienta más útil que instalaréis estos días. La segunda es el taxi de la parada oficial, con tarifa fijada por trayecto aeropuerto-ciudad según la orilla de destino: se paga lo que marca la tarifa, sin sorpresas, y os deja en la puerta del hotel. La tercera es el autobús urbano, más lento pero económico y con buenas vistas si el tráfico acompaña. Dos avisos de quien conoce la ciudad: no aceptéis nunca a los conductores que ofrecen servicio dentro de la terminal (los taxis legales solo se cogen en la parada oficial) y comprad el título de transporte en las máquinas antes de bajar al andén, porque en hora punta las colas se alargan. El trayecto hasta el centro no es corto: calculad un buen rato entre el aterrizaje y la llegada al hotel, sobre todo si facturáis maleta.
Check-in y primer respiro en Le Marais
45

minutos

Dejad las maletas y sentíos en casa: para esta escapada de tres días, el mejor campamento base es Le Marais, en el distrito 4. Es el equilibrio exacto de lo que buscáis: calles del siglo XVII para pasear sin rumbo, la Île de la Cité a diez o quince minutos andando, paradas de metro en la puerta y una de las mejores despensas de París. Además es un barrio seguro y vivo de noche, con hoteles boutique de precio medio y sin necesidad de cruzar la ciudad dos veces al día. Dentro del barrio, mis tres zonas prioritarias: el entorno de la Rue des Rosiers y la Place des Vosges, para dormir entre patios escondidos; el Haut Marais, cerca de la Rue de Bretagne, más joven y con más oferta gastronómica; y el borde del Sena, en la Île Saint-Louis, si preferís despertaros con vistas al agua. Si al final os decidís por el Barrio Latino, también funciona: cambiáis vidrieras por librerías y callejones medievales, y seguís a un paseo de la isla.

Notas

Pedid habitación interior si sois sensibles al ruido: el Marais no duerme. Confirmad que la recepción sea 24 horas, porque volveréis andando después de cenar.
Sainte-Chapelle: el bosque de vidrio de Luis IX
15:30
75

minutos

Un ascenso por una escalera de caracol y, de pronto, cuatro paredes de vidrio: la Sainte-Chapelle es la joya gótica que Luis IX mandó levantar en el corazón del Palacio de la Cité en los años 1240 para custodiar reliquias de la Pasión, entre ellas la corona de espinas. La capilla baja, oscura y pintada, es la antesala; arriba, la capilla alta es un bosque de luz donde quince vidrieras narran la historia del mundo desde el Génesis hasta la llegada de las reliquias, con el azul profundo y el rojo encendido como protagonistas y un gran rosetón cerrando el conjunto por el oeste. Se entra por el control de seguridad del Boulevard du Palais y conviene reservar en línea una franja de tarde: es la única entrada con hora fija de hoy, así que la dejamos como plato fuerte de la jornada. La luz dorada de media tarde es la mejor cómplice de los vitrales, y al salir tenéis a mano la Conciergerie, la antigua prisión revolucionaria donde estuvo encerrada María Antonieta. Como pareja, guardad cinco minutos para sentaros arriba sin decir nada: hay lugares que se escuchan, y este es uno de ellos.

Notas

Si el vuelo se retrasa y no llegáis a la franja reservada, cambiad la visita al día 3: la isla os queda de camino entre el Marais y el Trocadéro, así que encaja sin romper el plan. Voz baja: el silencio forma parte de la visita.
Notre-Dame: la catedral gótica que volvió a levantarse
17:15
75

minutos

Minutos después, la silueta más reconocible de París. Notre-Dame empezó a construirse en 1163 bajo el obispo Maurice de Sully y tardó casi dos siglos en completarse; por el camino se convirtió en un manual del gótico: la bóveda de crucería, los arbotantes que contrarrestan el empuje de las bóvedas y permiten muros más ligeros, y las dos grandes rosas de los transeptos. En el exterior, la Galería de los Reyes recorre la fachada y, por encima del tejado, asoma la aguja reconstruida según el diseño de Viollet-le-Duc. El incendio de 2019 la dejó al borde del abismo y su reapertura devolvió a la ciudad uno de sus centros emocionales. Entrad si la cola lo permite —el acceso a la catedral es gratuito y en primavera suele pedir paciencia o una reserva gratuita hecha con antelación— y no os perdáis el ábside y los arbotantes vistos desde los muelles: el pequeño jardín trasero, el square Jean-XXIII, sigue cerrado por las obras de los alrededores. En el suelo del parvis, una estrella de bronce marca el kilómetro cero de las carreteras francesas: la foto más discreta y más querida de París.

Notas

Voz baja y hombros cubiertos. Si la fila es enorme, quedaos con el exterior y volved al día siguiente: la fachada al atardecer, con la piedra cálida, es un espectáculo por sí misma.
Marché aux Fleurs y la luz del Pont Neuf
18:45
30

minutos

Justo al lado, en la Place Louis-Lépine, el Marché aux Fleurs Reine Elizabeth II lleva desde 1808 poniendo color al centro de París. Sus pabellones cubiertos de hierro, con las flores y las plantas desbordando los puestos, forman un pasillo perfumado entre Notre-Dame y la Conciergerie; es un mercado de flores y plantas —helechos, rosales, ramos de temporada— con una renovación a fondo prevista para los próximos años, así que algunos puestos pueden cambiar de sitio; el antiguo mercado de aves ya no existe. Es una parada corta y deliciosa, perfecta para bajar el ritmo entre dos templos y para comprar, si os apetece, un ramo pequeño que os acompañe el resto del viaje: cuesta poco y llena la habitación. Desde aquí, el Pont Neuf —el puente más antiguo que sigue en pie sobre el Sena— os regala la mejor luz de la tarde con toda la isla a los pies.

Notas

El mercado se recorre en veinte o treinta minutos. Llevad algo de efectivo para los puestos pequeños.
Del Hôtel de Ville al Marais: casas medievales y el Pletzl al anochecer
19:30
45

minutos

Cruzad el río por el Pont d'Arcole o por el Pont Marie y ya estáis en el Marais. El paseo arranca en la explanada del Hôtel de Ville, sigue por la Rue François Miron —donde asoman dos casas de entramado de madera medieval, de las más antiguas conservadas en la ciudad— y sube hacia la iglesia de Saint-Gervais-Saint-Protais, un templo gótico cuya fachada mezcla siglos y estilos y que es una de esas paradas que casi nadie hace y que a vosotros os va a encantar. Después, callejeo puro: el Village Saint-Paul, con sus patios y anticuarios escondidos tras los portones; la Rue des Barres, que parece detenida en el tiempo; y al final el Pletzl, el histórico barrio judío, con sus sinagogas diminutas y sus panaderías. La guinda llega a cinco minutos, ya de noche: la Place des Vosges, la plaza porticada que Enrique IV mandó construir a comienzos del siglo XVII, con ladrillo rosado, tilos recortados y farolas encendidas bajo los soportales. Es el cierre romántico perfecto para el primer día.

Notas

Recorrido totalmente llano y bien iluminado. Si llueve, los soportales de la Place des Vosges y el Village Saint-Paul son refugio garantizado.

Restaurante sugerido

Cocina judía askenazí y falafel

$

El Pletzl, el histórico barrio judío del Marais, es la cena más sabrosa y más económica de vuestro primer día. La Rue des Rosiers huele a falafel recién frito: los puestos preparan el bocadillo con berenjena, col, cebolla, tomate y una salsa picante que se pide al gusto, y hay una competencia amistosa entre vecinos por ver quién sirve el mejor. Después de un día de avión, es justo lo que apetece: cena ligera, de pie o en una mesa improvisada, con el barrio iluminado alrededor y la posibilidad de pasear hasta la Place des Vosges para cerrar la noche. Y hay más dulce: la boulangerie-pâtisserie Murciano, clásico del barrio, despacha dulces judíos como el hamentaschen, y Au Petit Versailles es otro de los favoritos locales, con pasteles franceses y también platos salados si preferís sentaros a la mesa. Si sois golosos, ese es el final feliz: una pastelería del barrio y a dormir. Es una de las cenas más asequibles del centro, ideal para una pareja que acaba de aterrizar.
En París se saluda siempre al entrar en una tienda o al pedir en la barra: «bonjour» primero, y luego la pregunta. Es la cortesía que abre todas las puertas y lo notaréis en el trato. El metro es la forma más rápida de moverse y la red la opera la RATP, cuya app incluye planificador y avisos de obras: descargadla antes de salir del hotel. Los trayectos a pie por el centro son cortos —de la Rue des Rosiers a Notre-Dame hay menos de quince minutos— y son, de verdad, la mejor manera de conocer la ciudad. No intentéis meter el Louvre hoy: con la isla y el Marais ya tenéis la jornada llena. Las boulangeries del barrio cierran un día a la semana, así que si veis la persiana bajada, probad la siguiente esquina. Y una nota sobre el jet lag: si os despertáis de madrugada, un baño largo y un croissant a las ocho arreglan cualquier desfase.

abr 16 | vie

Montmartre entero: del Sacré-Cœur a la Rue Lepic, con atardecer sobre los tejados
Subida a la colina por la escalera de la Rue Foyatier
10:00
30

minutos

Montmartre se conquista mejor desde abajo, y la Rue Foyatier es la puerta clásica: una escalera empinada y escenográfica que sube desde la Place Saint-Pierre entre farolas verdes y fachadas de ladrillo, con la basílica creciendo a cada peldaño. Subirla a media mañana tiene dos ventajas enormes: la luz es suave y los grupos organizados todavía están desayunando, así que la colina respira y las fotos salen limpias. Si preferís reservar fuerzas para el resto del día, el funicular que corre en paralelo a la escalera sube en un suspiro y se paga con el mismo título que el metro. Arriba os esperan las callejuelas del antiguo pueblo de Montmartre, que hasta 1860 fue una comuna independiente con sus viñas, sus molinos y sus tabernas de mala fama. Empezad despacio, mirad hacia abajo y entended por qué medio París sube aquí a verlo desde arriba.

Notas

Calzado con suela: los adoquines y las escaleras de la colina perdonan poco. Llevad agua y subid por la sombra.
Basílica del Sacré-Cœur: el mosaico, el travertino y la azotea de París
10:30
75

minutos

La basílica del Sagrado Corazón domina la colina desde 1919, aunque el proyecto nació en la segunda mitad del siglo XIX como monumento de expiación financiado por suscripción popular: de ahí su estilo románico-bizantino, con cúpulas y arcos de medio punto, que parece llegado de otro tiempo. Dentro, el gran mosaico de Cristo en Majestad cubre el ábside y es uno de los más grandes del mundo; fuera, la piedra de Château-Landon esconde un truco maravilloso: se blanquea con la lluvia, así que el edificio se limpia solo con los años. La entrada a la basílica es gratuita y el silencio es la norma. Si os apetece la vista más alta de la ciudad después de la Torre Eiffel, la cúpula se sube por una escalera estrecha de caracol, con entrada aparte; nosotros dejamos esa subida para el atardecer, para no gastar dos veces las piernas. A un lado, en el pequeño square, encontraréis la estatua del caballero de La Barre, ajusticiado en 1766 con apenas veinte años: una nota anticlerical que recuerda las polémicas que levantó la construcción de la basílica. París siempre discute consigo mismo.

Notas

Hombros y rodillas cubiertos, voz baja y nada de fotos en el interior. El travertino blanco a la luz de la mañana es la mejor foto desde la Place Saint-Pierre.
Place du Tertre y la iglesia de Saint-Pierre de Montmartre
12:00
75

minutos

En la cima de la colina, la Place du Tertre sigue siendo lo que era: el corazón del viejo pueblo que daba de comer a los artistas que no podían pagarse un estudio en el centro. Hoy los caballetes son para visitantes, pero el decorado —terrazas, toldos, esa luz tan concreta— sigue siendo exactamente el que pintaron Utrillo, Valadon o Picasso. Mirad con criterio: entre mucho souvenir hay ilustradores excelentes. A dos pasos, la iglesia de Saint-Pierre de Montmartre es el secreto de la jornada: una de las más antiguas de París, levantada en el siglo XII como iglesia de la abadía de Montmartre, con las paredes inclinadas por el peso de los siglos y columnas románicas todavía en pie. Casi todo el mundo entra al Sacré-Cœur y pasa de largo por aquí, así que suele estar en silencio: uno de esos rincones que se recuerdan más que el monumento famoso. Muy cerca, en la Rue Ravignan, el Bateau-Lavoir fue el taller donde Picasso pintó «Las señoritas de Aviñón» y donde el cubismo empezó a tomar forma entre vecinos con poco dinero y muchas ideas.

Notas

La Place du Tertre es lo más turístico de la colina: mirad la carta antes de sentaros y desconfiad de los menús con foto.

Restaurante sugerido

Bistró francés clásico

$

Para comer sin salir del encanto, Le Consulat es una casa con historia sobre la Rue Norvins, junto a la Place du Tertre: una fachada estrecha, color vino, con las ventanas siempre iluminadas, que ha servido de modelo a media historia de la pintura de Montmartre. La cocina es de bistró clásico y sin sorpresas: sopa de cebolla, croque, steak-frites, tabla de quesos y un café crème que sabe mejor aquí que en cualquier otra parte de la colina. Es perfecto en medio del paseo porque no rompe el ritmo: coméis, miráis pasar los caballetes y seguís caminando. Si preferís algo más ligero, un crêpe de la Rue Lepic o una merienda más tarde en el Café des Deux Moulins también funcionan; y si el presupuesto aprieta, siempre queda bajar a un bouillon al pie de la colina. Como estáis en una zona muy turística, comparad la carta expuesta antes de pedir mesa.
Rue des Saules: la viña del Clos Montmartre y el Lapin Agile
15:00
60

minutos

Al norte de la basílica, Montmartre enseña su lado más rural. La Rue des Saules baja entre casas bajas y jardines hasta la pequeña viña del Clos Montmartre, plantada en 1933 y cuidada por el barrio, que cada otoño celebra su Fiesta de la Vendimia con el municipio entero en la calle. A su lado, la fachada rosa de La Maison Rose parece salida de un cuadro —y lo está: la pintó Utrillo—, y el Au Lapin Agile, un cabaret de madera con historia de artistas y canciones, se llamó antes «Cabaret de los Asesinos» y debe su nombre actual al conejo que el caricaturista André Gill pintó en su letrero. Y en la Rue Cortot, el Museo de Montmartre ocupa la casa más antigua de la colina, el antiguo Hôtel de Rosimond, donde vivieron Renoir y Suzanne Valadon. Nosotros lo dejamos como visita de fachada y jardín, sin entrar: si hoy os apetece un único museo con entrada de horario fijo, este es el candidato ideal, y solo uno, como os gusta.

Notas

Si decidís entrar al museo, reservad con antelación y comprobad el horario del día; el jardín de Renoir es pequeño y delicioso.
El Mur des Je t'aime y la Place des Abbesses
16:15
45

minutos

Bajando hacia el sur, la Place des Abbesses conserva una de las marquesinas art nouveau de metro más bonitas de la ciudad, con su cristal verde y su hierro forjado: merece una foto tanto como cualquier monumento. A dos pasos, en el pequeño Square Jehan Rictus, el Mur des Je t'aime es una pared de azulejos azules donde la frase «te quiero» se repite en lenguas de medio mundo, con las grietas pintadas de rojo que, según sus autores, representan las rupturas que hay que reparar. Es un lugar sencillo, hecho para parejas, y funciona mejor a esta hora: sin colas y con la luz de la tarde cayendo sobre los azulejos. Muy cerca, la iglesia de Saint-Jean de Montmartre, de ladrillo y hormigón armado, es una rara muestra de arquitectura religiosa de comienzos del siglo XX en la colina: otro templo para vuestra colección, este sin vitrales medievales pero con una estructura que sorprende. La zona, además, es la más animada para tomar un café entre vecinos del barrio.

Notas

Es un espacio minúsculo: cinco minutos bastan, y a media tarde se comparte con vecinos y niños.
Rue Lepic, los molinos de la Galette y un café de cine
17:15
90

minutos

La Rue Lepic es la calle más viva de la colina: sube serpenteando con una sucesión de panaderías, queserías, fruterías y cafés que abastecen al barrio desde hace más de un siglo. En el número 54, una placa recuerda que allí vivieron Vincent y Theo van Gogh entre 1886 y 1888, dos años decisivos para el pintor antes de marcharse al sur. Casi enfrente, los molinos de la Galette, con dos torres aún en pie, son el último recuerdo de los muchos que harinaban Montmartre, y su sala de baile fue inmortalizada por Renoir en un cuadro que hoy cuelga en el Museo de Orsay. La parada obligatoria está en el número 15: el Café des Deux Moulins, famoso por haber sido escenario de «Amélie», sirve un café crème y una crema que saben a tarde de cine. Es el momento perfecto para sentarse veinte minutos, mirar la calle y dejar que la colina haga su trabajo. Antes de subir al atardecer, comprad una baguette y un trozo de queso en alguna de las tiendas de la calle: es la mejor inversión del día.

Notas

El Café des Deux Moulins es pequeño y popular: si está lleno, cualquier bar de la Rue Lepic cumple de sobra.
Atardecer desde la escalinata del Sacré-Cœur
19:15
105

minutos

Volved arriba: el atardecer desde la escalinata del Sacré-Cœur es una de esas escenas que justifican el viaje. En abril el sol se pone cerca de las nueve de la noche, y desde una hora antes las gradas se llenan de parisinos con una botella, una guitarra y buen humor; el cielo se vuelve naranja sobre los tejados, la Torre Eiffel asoma a lo lejos y, cuando se enciende la ciudad, el blanco de la basílica se tiñe de azul. Es el mejor homenaje a vuestro gusto por los miradores clásicos: desde aquí la vista abarca los tejados, la Sainte-Chapelle en su isla y, en un día limpio, hasta el perfil de La Défense. Llevad la baguette que comprasteis en la Rue Lepic, un poco de queso y agua, y buscad sitio en la barandilla con tiempo. Después, con la ciudad encendida, el descenso tiene su propia magia: escaleras iluminadas, músicos en la esquina y el aire fresco de la primavera parisina.

Notas

Conviene llegar con antelación para primera fila. Subid por la Rue Foyatier o con el funicular y bajad andando hacia Pigalle: la pendiente a favor.

Restaurante sugerido

Cocina francesa de bouillon

$

Para cerrar el día, bajad al pie de la colina: Bouillon Pigalle recupera la tradición de los «bouillons» parisinos, aquellos comedores populares del siglo XIX donde se comía bien por poco dinero. La fórmula sigue intacta: mesa de mármol, bata blanca, platos de siempre —huevo mayonesa, puerros en vinagreta, boeuf bourguignon, blanqueta de ternera, muslo de pato confitado— y postres de los de antes, como la isla flotante o el profiterol. Precio medio, raciones generosas y ningún aire de museo: es un sitio ruidoso, joven y feliz. Se puede reservar en línea; si no, toca hacer cola, así que id con margen y paciencia: es parte del ritual. Está a unos diez minutos cuesta abajo de la basílica, en el Boulevard de Clichy, de modo que encaja de forma natural después del atardecer. Si preferís algo más tranquilo, las brasseries de la Rue des Abbesses también están abiertas a esa hora, pero la experiencia bouillon es la más parisina del día.
Montmartre se recorre con calma y con calzado bueno: las calles son adoquinadas, empinadas y con escaleras por todas partes, y el día suma bastante desnivel. Las estaciones más útiles son Anvers, Abbesses, Lamarck-Caulaincourt y Pigalle, todas bien conectadas con el centro. El funicular de la Rue Foyatier se paga con el mismo título que el metro y ahorra la subida más dura. Hoy el plan no cruza la ciudad ni una vez: todo el día transcurre en el distrito 18, con un único desplazamiento de ida por la mañana y otro de vuelta por la noche. En las calles más concurridas del pie de la colina, alrededor del Boulevard de Clichy, llevad el bolso cerrado y los bolsillos a la vista, sobre todo de noche. Dentro del Sacré-Cœur hay que guardar silencio y no se hacen fotos. Y una última cosa: reservad una hora flexible al final para volver al hotel, porque el metro cierra de madrugada —consultad los últimos trenes en la app de la RATP antes de quedaros a cenar.

abr 17 | sáb

La Torre Eiffel de frente: Trocadéro y Campo de Marte antes de poner rumbo a casa
Jardines del Trocadéro: la Torre Eiffel, de frente y a primera hora
09:00
60

minutos

El mejor recibimiento para la Torre Eiffel es el que da la explanada del Trocadéro: salís del metro, tomáis la salida hacia la Torre Eiffel y aparecéis en una plaza enorme con el Palais de Chaillot a la espalda y la torre enmarcando el horizonte, justo enfrente. Es la panorámica clásica, la de las postales, y a primera hora de la mañana tiene el encanto añadido de la luz suave y de los huecos libres en la barandilla. Los Jardines del Trocadéro bajan en terrazas hacia el Sena, con la gran fuente en el centro y los museos del palacio flanqueando la explanada. Es un paseo corto y perfecto para abrir el día: desde la terraza alta se ve la torre entera y, a medida que bajáis por las escaleras, el monumento crece hasta que hay que cruzar el Pont d'Iéna para seguir. Id sin prisa y con la cámara lista: es el mejor sitio de París para haceros una foto de frente, los dos juntos y con la torre completa.

Notas

Seguid en el metro las indicaciones hacia la Torre Eiffel: dejan directamente en la explanada. Por la mañana el aire es fresco junto al río: una capa ligera de más nunca sobra.
La Torre Eiffel y el Campo de Marte, sin subir un solo peldaño
10:15
90

minutos

Cruzad el Pont d'Iéna y ya estáis a los pies de la dama de hierro, en el número 5 de la avenida Anatole France, distrito 7. La Torre Eiffel se levantó para la Exposición Universal de 1889, con miles de piezas de hierro pudelado y millones de remaches, y estaba pensada para desmontarse: fueron la radio y la ciencia las que la salvaron, porque desde lo alto se podía transmitir y recibir. Gustave Eiffel se reservó un pequeño apartamento en la cima, y hoy sigue siendo el símbolo que nadie discute. La visita de hoy es de exterior y de paseo: rodearla, mirarla desde abajo, ver cómo cambia de color con las nubes y seguir hasta el Campo de Marte, el gran parque que se extiende detrás y que en primavera se llena de estudiantes, familias y parejas con mantas de picnic. Si os apetece subir, es una experiencia aparte que ocuparía la única entrada con hora fija del día y que conviene reservar con antelación; con las vistas del Trocadéro, de la explanada y del parque, la torre ya os habrá dado muchísimo sin subir un solo peldaño.

Notas

En la base hay puestos de crepes y de souvenirs con precios de zona turística. El Campo de Marte es perfecto para descansar quince minutos a la sombra antes de seguir.

Restaurante sugerido

Productos franceses de mercado

$

La Rue Cler es la despensa del barrio 7: una calle peatonal corta y elegante, con los géneros sacados a la puerta, donde compran los vecinos y donde todavía se oye el «bonjour» de rigor. Hay queserías con una selección magnífica de quesos franceses, una boulangerie con baguettes de tradición, puestos de fruta y verdura, charcutería, pescadería y alguna bodega donde pedir una botella para llevar. El sábado por la mañana es su momento: es cuando el barrio hace la compra y la calle está en plena efervescencia. El plan perfecto es comprar y comer al aire libre: media baguette, un trozo de queso, un poco de jamón y unos tomates, y subir al Campo de Marte o a los jardines del Trocadéro para un picnic con la Torre Eiffel de fondo. Es la manera más parisina y más asequible de comer bien en un día de mercado, y encaja de lujo entre la torre y el paseo final junto al río. Si preferís sentaros a la mesa, la propia calle tiene cafés y bistrós con menús del día a precio razonable.
Puente Alejandro III: el último paseo junto al Sena
13:30
45

minutos

Para despedirse de París, el Puente Alejandro III es imbatible: una sola arcada de acero de un ojo enorme, figuras doradas con caballos alados sobre los cuatro pilares, ninfas y farolas de bronce y una decoración de hojas y guirnaldas que en 1900 celebró la alianza franco-rusa. Es el puente más fastuoso de la ciudad, y sus vistas encadenan el Sena: hacia un lado, la Torre Eiffel y el Palais de Chaillot; hacia el otro, la cúpula dorada de los Inválidos, el gran conjunto del siglo XVII donde está enterrado Napoleón. Es el escenario perfecto para la foto de despedida y un paseo de quince o veinte minutos entre farolas y estatuas. Los fines de semana hay mucho movimiento de barcos y de parejas haciéndose fotos, y a mediodía la luz sobre el oro es espectacular. Desde aquí estáis a un paso del metro y a pocos minutos de la Rue Cler: es el último punto del recorrido antes de volver a por las maletas.

Notas

Atención al viento en el puente: en abril sopla en el Sena y se nota más de lo que parece. Si os sobra tiempo, los Inválidos están a cinco minutos andando.
El día de salida se organiza con dos ideas: una sola dirección y paciencia en los traslados. Dejad el equipaje en el hotel por la mañana —casi todos los alojamientos del Marais guardan las maletas hasta la tarde—, cruzad la ciudad una única vez hacia el oeste y volved al Marais solo para recogerlo antes de ir al aeropuerto. Para llegar al Trocadéro, la estación de metro está en la propia explanada y también hay paradas de bicicletas públicas Vélib', una forma preciosa de bajar por el Sena si el tiempo acompaña. Atención a las obras: la RATP avisa de cierres y trabajos de modernización en varias líneas, así que consultad su app la noche anterior y tened una alternativa a mano para llegar al Trocadéro. Para el aeropuerto, calculad un buen margen: dos horas y media o tres antes de un vuelo internacional es una apuesta segura, y desde el centro hay trenes de cercanías, taxis con tarifa regulada y traslados con reserva previa.
Vuelta al Marais: recoger el equipaje y las últimas compras
45

minutos

Una última carrera: de vuelta al Marais a recoger las maletas. Si dejasteis las bolsas en el hotel, es solo pasar por recepción, cambiar de camiseta si el picnic os dejó recuerdo y comprobar que no queda nada en la caja fuerte. Aprovechad para hacer la compra golosa del viaje en el barrio: un par de pasteles de una boulangerie del Marais, una tableta de chocolate de un artesano o una bolsa de café de tueste francés. Todo eso sobrevive al vuelo mucho mejor que un ramo de flores. Con el equipaje en mano, el trayecto hacia el aeropuerto sale casi recto desde aquí, sin volver a cruzar la ciudad: es la última ventaja de haber elegido este barrio como base. Ajustad la hora según vuestro vuelo; si la salida es temprana, este paso se adelanta y el paseo junto al Sena se recorta por el final.

Notas

Ventana flexible según la hora del vuelo. Confirmad en recepción si el equipaje se puede dejar guardado y tened a mano el título de transporte para el trayecto hasta el aeropuerto.
Traslado al Aeropuerto Charles de Gaulle y vuelo de regreso
Se cierra el círculo: unos minutos de calle, el metro o el tren de cercanías hasta la estación del aeropuerto y las señales de facturación. El Aeropuerto de París-Charles de Gaulle está al noreste de la ciudad y se llega bien en tren desde el centro, en taxi con tarifa regulada o con un traslado reservado con antelación; el tiempo depende del tráfico y de la terminal, así que la clave es salir con margen y no encadenar la última visita a la hora de salida. En el aeropuerto, el tren lanzadera CDGVAL conecta las terminales y hay controles de seguridad en varios puntos, así que contad con tiempo para el equipaje facturado y para pasar el control. Si el vuelo sale de tarde o de noche, aún os queda el consuelo de un último café con vistas a la pista y la sensación de haber exprimido tres días imposibles. París se despide sin drama: siempre deja la puerta abierta a la próxima vez.

Notas

Confirmad la ruta y los horarios del tren o del traslado la noche anterior. Para un vuelo internacional, dos horas y media o tres de margen es lo sensato.

¡Te deseamos una aventura absolutamente increíble!

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15 oct 2026
Revisado
15 oct 2026
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Preguntas frecuentes

¿Bastan 3 días para ver París?

Para una primera visita, sí, si cada día se concentra en una zona: la Île de la Cité y el Marais, luego Montmartre y por último la Torre Eiffel. Los grandes museos quedan para otro viaje, pero no perderéis horas cruzando la ciudad.

¿Hay que reservar la Sainte-Chapelle y Notre-Dame?

La Sainte-Chapelle se visita con entrada y franja horaria, así que conviene reservarla en línea. Notre-Dame es gratuita; en temporada alta podéis reservar gratis una franja en su web para evitar buena parte de la cola.

¿Dónde alojarse en París para 3 días?

El Marais es la base más práctica para este plan: la Île de la Cité queda a un paseo y el metro os lleva sin complicaciones a Montmartre y al Trocadéro. El Barrio Latino y la Île Saint-Louis también funcionan.

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