Este es uno de esos lugares que casi nadie incluye en la lista y que luego se recuerda para siempre. El Monasterio de Emaús, llamado también Na Slovanech o Emauzy, es la abadía benedictina de Nuestra Señora y San Jerónimo, fundada entre 1348 y 1372 sobre un promontorio rocoso junto a la antigua iglesia parroquial de San Cosme y San Damián, y forma parte del plan urbanístico con el que Carlos IV diseñó el Nuevo Barrio de Praga. Aquí se celebró la liturgia en eslavo y se cultivó la escritura glagolítica, un experimento único en la Europa central de su tiempo. No os perdáis el claustro, donde se conserva un valioso ciclo de pinturas murales medievales, ni la iglesia, con su fachada neogótica y las dos agujas modernas de hormigón que sustituyeron a las torres dañadas en la Segunda Guerra Mundial. La comunidad monástica actual es minúscula, apenas unos pocos monjes, y el acceso a los interiores es limitado, así que el plan realista es recorrer el recinto y el promontorio, disfrutar de las vistas sobre el Nuevo Barrio y quedarse un rato en silencio en un rincón de la ciudad que respira otro tempo. Para vuestro interés por el arte y la cultura, es una parada de las que no se olvidan.
Notas
El monasterio no funciona como un museo de horario amplio: la comunidad es pequeña y los interiores abren de forma limitada, sobre todo en torno a los oficios religiosos. De mayo a octubre, el claustro y la iglesia suelen visitarse de lunes a sábado a partir de media mañana (los domingos, cerrado): a primera hora disfrutad del exterior, del entorno y de la vista, que es la parte que nunca falla, y comprobad el horario del día si el claustro es vuestra prioridad.