Entrar en San Marcos es entrar en un edificio bizantino con acento veneciano: el suelo ondula, las cúpulas se cubren de oro y la luz se comporta de forma distinta según la hora y según el día que haga fuera. La historia empieza con un golpe de audacia. Hacia el año 828 o 829, dos mercaderes venecianos, Bono di Malamocco y Rustico di Torcello, se llevaron el cuerpo de San Marcos Evangelista de Alejandría de Egipto y lo trajeron a la laguna; las reliquias se colocaron primero en una torre de ángulo del castrum, la residencia fortificada del dux y sede del gobierno, justo donde hoy se levanta el Palacio Ducal. La basílica quedó unida al palacio, en el extremo oriental de la plaza, el antiguo centro político y religioso de la República, y hasta la caída de la Serenísima fue la iglesia palatina del dux.
Para quien va buscando arte bizantino, el interior es una revelación continua. Los mosaicos dorados son la obra mayor, pero el edificio entero está revestido con los materiales que definían el lujo de aquel mundo —mármoles de colores, telas, esmaltes, gemas y piezas de orfebrería—, exactamente la misma familia de ornamentos que enriqueció las iglesias y los palacios venecianos de los siglos bizantinos. Es la mejor clase de arte que se puede recibir: no hace falta saber nada para quedarse mirando hacia arriba.
No os perdáis la Madonna Nicopeia, una de las grandes reliquias de la ciudad: una imagen sagrada que los emperadores bizantinos sacaban al combate y que en Venecia adquirió un papel político como palladio de la República cuando se identificó con la imagen llevada a la batalla por distintos emperadores. Hoy se venera en su capilla del brazo norte del crucero; su nombre, Nicopeia, significa «portadora de la victoria». Si además subís al museo de la basílica y a la logia, la visita cambia de escala y se convierte en dos horas que se pasan volando.
Notas
Id a primera hora: la plaza es otra cosa antes de que lleguen los grupos. Código de vestimenta estricto (hombros y rodillas cubiertos) y nada de mochilas grandes; hay consigna cerca. La entrada de la basílica, el acceso a la Pala d'Oro y el museo se gestionan por separado del Palacio Ducal: reservad con antelación y comprobad las condiciones vigentes al comprar, porque tarifas y franjas horarias cambian según la temporada.