Si hay un nombre que resuena en los canales de este barrio es el de Jacopo Robusti, a quien el mundo conoce como Tintoretto. Para conocer su esencia, debemos acercarnos a la iglesia de la Madonna dell Orto. Este templo gótico de ladrillo rojo, construido en el siglo catorce, es considerado el santuario personal del artista, quien vivió a solo un puente de distancia en la cercana Calle del Tintoretto. En su interior, la luz veneciana baña algunas de sus obras más monumentales, como el Juicio Final y la Fabricación del Becerro de Oro, que flanquean el altar principal. Es aquí donde Tintoretto, el hijo del tintorero, descansa para siempre bajo una simple losa de mármol. Al salir, fíjate en la estatua del santo en el huerto que da nombre a la iglesia; cuenta la leyenda que la figura fue encontrada en un jardín cercano y que poseía poderes milagrosos. Este rincón del barrio, alejado de las rutas turísticas principales, ofrece una paz casi monástica que permite apreciar la Venecia más espiritual y artística.