Para entender este lugar, debemos viajar mentalmente al catorce de julio de 1555. En esa fecha, el Papa Pablo cuarto promulgó una bula titulada Cum nimis absurdum, que cambió el destino de los judíos romanos por siglos. Los obligó a vivir en esta zona baja junto al río Tíber, un área insalubre que sufría constantes inundaciones. Imagina muros altos rodeando estas calles, con puertas que se cerraban con llave cada noche al atardecer. Los hombres debían usar sombreros amarillos y las mujeres velos del mismo color para ser identificados. Debido al espacio limitado, las casas crecieron hacia arriba, creando edificios altísimos para la época. A pesar de estas duras restricciones, que incluían la prohibición de poseer propiedades, la comunidad se adaptó de forma brillante, especializándose en el comercio de telas y el préstamo. Estos muros no cayeron definitivamente hasta 1888, tras la unificación de Italia, cuando los judíos finalmente recibieron la ciudadanía plena.