Santa Croce es la iglesia franciscana más grande del mundo y, desde 1294, el lugar donde Florencia entierra a sus grandes nombres. Bajo sus naves descansan Miguel Ángel, Maquiavelo, Galileo, Rossini y Foscolo, entre otros, lo que convierte el suelo en un mapa de la cultura italiana; el cenotafio de Dante, vacío porque el poeta murió y está enterrado en Rávena, recuerda esa ausencia con una elocuencia que estremece. En las capillas Bardi y Peruzzi, Giotto pintó al fresco las historias de san Francisco y de los dos santos Juanes y, con ellas, dio el primer gran paso hacia una pintura que mira al ser humano y al espacio real.
La capilla Pazzi, obra de Brunelleschi, es una lección de armonía construida en pietra serena gris y muro blanco, el mejor resumen del Quattrocento en una habitación pequeña. Y no todo es pasado: en el antiguo claustro funciona la Scuola del Cuoio, un taller-escuela de marroquinería nacido tras la Segunda Guerra Mundial con el apoyo de los frailes, donde se sigue trabajando el cuero a mano. Para vuestro gusto por la artesanía, es una parada perfecta para cerrar la mañana. La fachada neogótica de mármol, añadida en el siglo XIX, completa el cuadro.
Notas
Conviene confirmar el horario vigente en la web oficial antes de ir, porque varía según la temporada y los días festivos; a primera hora la nave está en silencio y la luz entra limpia por los ventanales. Recuerda la vestimenta respetuosa (hombros y rodillas cubiertos). La inundación de noviembre de 1966 dejó casi cinco metros de agua en el barrio y dañó gravemente el crucifijo de Cimabue; la restauración posterior, impulsada por voluntarios llegados de todo el mundo, es una de las historias más conmovedoras de la ciudad. En el claustro, la Scuola del Cuoio permite ver el trabajo de los artesanos y comprar piezas hechas a mano.