Vuestra base de operaciones estará en el Eixample, el barrio que Barcelona ensanchó a partir de 1860 siguiendo el plan del ingeniero Ildefons Cerdà, con su retícula de chaflanes y manzanas de esquinas achatadas. Es la elección más inteligente para este viaje: Passeig de Gràcia y la Manzana de la Discordia quedan a un paseo, la Sagrada Família a un par de paradas de metro y Park Güell a un trayecto corto, además de contar con avenidas amplias, calles tranquilas y una concentración de bares y restaurantes que compite con cualquier zona del centro.
Si preferís despertaros entre callejones, El Born y Sant Pere son la alternativa con más carácter: edificios medievales, galerías y coctelerías a cinco minutos del mar, aunque con más ruido nocturno. El Barri Gòtic enamora por la piedra antigua, pero es la zona más turística y con habitaciones más pequeñas. Una tercera vía, algo más económica y muy bien conectada, es Sant Antoni, junto a la Gran Via.
Para un grupo de amigos, buscad alojamiento con habitaciones dobles o triples y, si puede ser, con azotea o terraza: en mayo la demanda aprieta y los precios suben, así que reservar con meses de antelación marca la diferencia. Las zonas prioritarias, por orden: Eixample Dret entre Passeig de Gràcia y Rambla de Catalunya; El Born y Sant Pere; y el Barri Gòtic.
Notas
Procurad estar a menos de diez minutos andando de una parada de la línea verde (L3), que enlaza Passeig de Gràcia con Lesseps y Vallcarca, las paradas habituales para subir a Park Güell, y también con Liceu y Drassanes, ya en el centro histórico. Los chaflanes del Eixample hacen que las esquinas sean más anchas y luminosas: son la firma del barrio.