Qué ver en Sevilla en 3 días: itinerario día a día

Respuesta rápida. El primer día, el barrio de Santa Cruz, la Casa de Pilatos y tapas en El Rinconcillo. El segundo, el Real Alcázar a primera hora, el Hospital de los Venerables y flamenco en La Cantaora. El tercero, la Catedral y la subida a la Giralda, el Mercado de la Encarnación bajo las Setas y el Museo de Bellas Artes.

  • Fechas del plan: 6–8 de mayo
  • 3 días
  • 11 paradas
  • 3 audioguías en la ruta
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Mappu planificó esta ruta según sus fechas: el tiempo, los atardeceres y los días de apertura. Abre el planificador con el destino y la duración ya rellenados; tú eliges las fechas, el ritmo y los intereses. Para generar el plan completo necesitas una cuenta gratuita.

Qué verás cada día

Cada día en pocas líneas. Las paradas con audioguía de Mappu enlazan directamente a ella, para escucharla allí o antes de ir.

  1. Día 3 · Día 3 · Catedral y Giralda, última tapa bajo Las Setas y despedida con sabor a azahar

    La Catedral y la Giralda, el Mercado de la Encarnación bajo las Setas y el Museo de Bellas Artes.

    • Mercado de la Encarnación Parada para comer

    • Museo de Bellas Artes de Sevilla

    • Estación de Sevilla-Santa Justa

    Paseo por libre para este día

El itinerario completo, con mapa y notas de viaje

Cada parada con sus notas, la ruta en el mapa y consejos de transporte, presupuesto y equipaje.

Itinerario de 3 días en Sevilla
El Real Alcázar, la Catedral y la Giralda, la Casa de Pilatos, el barrio de Santa Cruz y noches de tapas

Planificado con Mappu

Sevilla mudéjar: patios, azulejos y compás flamenco

🚊

Transporte mixto

may 06 | jue

Día 1 · Llegada a Sevilla: maletas en Santa Cruz, primera tapa y paseo nocturno entre naranjos en flor
Si llegas en avión, el aeropuerto de Sevilla-San Pablo está al este de la ciudad; si llegas en tren, la estación de Sevilla Santa Justa es la puerta principal al centro. Desde cualquiera de los dos, el casco antiguo queda a un trayecto corto en taxi o VTC: buena parte del centro histórico es peatonal y con acceso rodado restringido, así que el vehículo te dejará en el borde del barrio y los últimos metros los harás andando con la maleta. Buenos puntos de referencia para apearse son la Plaza del Salvador, la Plaza de la Alfalfa o la calle Mateos Gago, todos a un paso de Santa Cruz. Los tiempos, la frecuencia y el modo del último tramo dependen de la conexión que elijas: resérvala o consúltala al comprar el billete y deja al menos una hora de colchón antes de cualquier reserva del día. Consejo de casa: al llegar al hotel, sube las maletas, bebe agua y sal a caminar sin rumbo diez minutos; Sevilla se entiende andando, pero nunca con prisa.
Check-in entre naranjos: instalarse en el corazón del casco antiguo
60

minutos

Deja las maletas y sal a la calle: si te alojas en el entorno de Santa Cruz, el primer paseo ya forma parte del viaje. Este laberinto de callejones encalados, rejas con geranios y patios con azulejos nació como judería medieval y hoy es la postal más querida de Sevilla, con la Giralda asomando entre los tejados en cuanto levantas la vista. Mayo es además el mes del azahar: el aroma de los naranjos en flor te acompañará en cada esquina, sobre todo al atardecer, cuando baja la temperatura y las plazas se llenan de vecinos y de conversaciones que se alargan. Tómate este primer tramo como una puesta a punto: ducha, cambio de ropa y una ruta mínima de reconocimiento por la Plaza de Doña Elvira, el Callejón del Agua y la Plaza de los Venerables, para ubicarte y decidir dónde cenar. Si el viaje ha sido largo, el hotel es tu mejor aliado: deja el equipaje, bebe agua y descansa veinte minutos antes de salir. Los zapatos cómodos son la inversión más rentable de este viaje.

Notas

Buena parte de los alojamientos con encanto del centro están en edificios históricos con patio sevillano y escaleras estrechas; si llevas maleta grande, avisa al hotel para que te ayuden con ella. Pregunta también por el desayuno y por el horario de la recepción de noche, porque muchas calles se cierran al tráfico y conviene tener claro el punto de acceso.
Mayo es uno de los meses más bonitos del año en Sevilla: días largos, noches templadas y aroma de azahar por todas partes. Estamos en el hemisferio norte, en primavera avanzada camino del verano, y aunque las noches siguen siendo agradables, el mediodía puede apretar: la ciudad está en el valle del Guadalquivir y en las horas centrales la temperatura se dispara. Por eso este plan concentra las visitas grandes a primera hora, mete interiores y sombra en el tramo de 14:00 a 17:00 y reserva los paseos para la tarde-noche, que es cuando Sevilla se enciende. Equipaje: algodón y lino ligeros, sombrero o pamela, crema solar alta, calzado muy cómodo, botella de agua reutilizable y un chal o manga larga fina por si la noche refresca y para entrar en las iglesias; para el tablao flamenco y una cena larga, una prenda algo más arreglada encaja de maravilla. Atención al calendario: algunas agendas de eventos sitúan ya la Feria de Abril en la primera semana de mayo, así que la demanda de alojamiento podría dispararse; con presupuesto medio, reserva hotel y entradas con mucha antelación y, si la Feria coincide, disfruta del espectáculo de farolillos, caballos y sevillanas aunque los precios suban.
Casa de Pilatos: el palacio mudéjar que soñó con Jerusalén
90

minutos

La Casa de Pilatos es la mejor primera lección de arquitectura mudéjar que puedes recibir en Sevilla, y además viene con una historia fabulosa. Don Fadrique Enríquez de Ribera, marqués de Tarifa, volvió de peregrinar a Jerusalén y quiso reproducir en su casa el camino de la Vía Dolorosa: el resultado es un palacio donde el arte mudéjar sevillano —yeserías, arcos de herradura, azulejos— se abraza con el Renacimiento italiano que trajo de su viaje. Recorre el patio principal con sus zócalos vidriados y su fuente central, las salas nobles con artesonados de madera, la escalera cubierta de azulejos y los jardines, donde el olor a jazmín y el sonido del agua hacen que se te olvide la ciudad que hay fuera. Fíjate en las estaciones del Vía Crucis que marcan el itinerario simbólico desde la puerta del palacio hasta la Cruz del Campo, un capricho devoto que aún resuena en la Semana Santa sevillana. Y ten presente que la casa sigue en manos de la Casa de Medinaceli: estás visitando un palacio vivo, no un museo congelado. Con hora y media vas sobrado, y al salir tienes el barrio de San Esteban a un paso.

Notas

Es la única visita con entrada de hora fija de hoy, así que trátala como comodín: cuando confirmes tu vuelo o tu tren, reserva la franja de tarde que te deje al menos hora y media de margen desde la llegada. Si vas justo de tiempo, la Casa de Pilatos se ve bien en una hora; si te sobra, el entorno de la Plaza de Pilatos y la iglesia de San Esteban merecen un paseo lento. Algunas estancias de la planta alta se visitan solo con guía y aforo limitado: pregunta en taquilla si te apetece subir.

Restaurante sugerido

Tapas sevillanas y taberna histórica

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El Rinconcillo, en la calle Gerona, es la taberna más antigua de Sevilla y el sitio perfecto para el primer contacto serio con la ciudad: botas de vino apiladas, azulejos antiguos, jamones colgando y una barra de mármol donde la cuenta todavía se apunta con tiza. Pide una caña bien fría o un vermut y acompáñalo con espinacas con garbanzos —el guiso humilde que se ha vuelto emblema de la casa—, jamón ibérico cortado a cuchillo, queso viejo y alguna tapa de cuchara del día. Se come de pie o en mesa, se comparte todo y nadie mete prisa, que es exactamente el ritmo que quieres para la primera noche. Llega sobre las 20:00, cuando se llena de sevillanos y no de turistas, y sal caminando hacia Santa Cruz por la Plaza del Salvador, que a esa hora huele a cera, a incienso y a azahar.
Paseo nocturno por Santa Cruz: callejones, plazas y azahar
21:30
75

minutos

El Barrio de Santa Cruz de noche es otra ciudad: desaparecen las tiendas de souvenirs, bajan las voces y quedan las farolas, los patios iluminados y el olor a jazmín y a azahar. Empieza en la Plaza de Doña Elvira, con su fuente de azulejos y sus naranjos, y sigue hasta el Callejón del Agua, el pasadizo estrecho que corre pegado a la muralla del Alcázar y que debe su nombre al antiguo caño que llevaba agua al palacio. Pasa por la Plaza de los Venerables y la Plaza de Santa Cruz, y termina en la calle Mateos Gago, donde las tabernas mantienen las puertas abiertas hasta tarde. Este barrio fue la judería de Sevilla, una comunidad que vivió aquí hasta la expulsión de 1492, y todavía conserva el trazado laberíntico, los patios compartidos y esa escala humana que hace imposible perderse del todo. Para una pareja es el paseo perfecto antes de dormir: sin coches, sin prisa y con la Giralda iluminada al fondo.

Notas

Es un barrio residencial: mantén la voz baja en los callejones y no entres en patios privados aunque las puertas estén abiertas. Lleva calzado cómodo, porque el pavimento es irregular, y una chaqueta fina: las noches de mayo son agradables pero pueden refrescar cerca del río.

may 07 | vie

Día 2 · Real Alcázar al alba, arte barroco a la sombra y noche de duende flamenco
Real Alcázar: patios mudéjares, yeserías doradas y jardines de agua
09:30
180

minutos

El Real Alcázar es el corazón mudéjar de Sevilla y la visita que más justifica madrugar. Sobre un antiguo alcázar almohade —del que aún se conservan el Patio del Yeso y el Jardín del Crucero—, Pedro I mandó levantar en el siglo XIV un palacio con alarifes mudéjares llegados de Toledo y Granada: de ahí esas yeserías doradas, esos arcos y esos azulejos que parecen encaje. Pasea sin prisa por el Patio de las Doncellas, con su estanque y sus arcos gemelos; entra en el Salón de Embajadores bajo su cúpula de madera dorada; asómate al Patio de las Muñecas y baja a los Baños de Doña María de Padilla, donde la luz cae en columnas desde los lucernarios. Después, los jardines: naranjos, palmeras, mirtos, setos recortados, fuentes y pérgolas de jazmín en un laberinto verde que a primera hora es puro placer, cuando el calor aún no aprieta y los patos nadan tranquilos en el estanque. El Alcázar sigue siendo residencia real —es el palacio real en uso más antiguo de Europa— y también ha servido de escenario a películas y series, con sus patios vestidos más de una vez de Dorne.

Notas

Es la única entrada cronometrada de hoy: reserva en línea la primera franja de la mañana para entrar con luz suave y menos grupos, y calcula dos horas y media o tres si quieres recorrer los jardines con calma. Lleva agua, sombrero y protección solar, porque la parte de jardines es a cielo abierto. A la salida, la Plaza del Triunfo y la Catedral quedan a dos minutos andando.

Restaurante sugerido

Tapas, jamón ibérico y salmorejo

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Las Teresas, en la calle Santa Teresa, es el ejemplo perfecto de taberna sevillana de las de siempre: paredes de azulejos blancos y rojos, jamones colgados del techo, botas de vino y una barra que a la hora del almuerzo se llena de vecinos con la caña en la mano. Pide media ración de jamón ibérico cortado a cuchillo, un salmorejo cremoso y algún montadito o tapa de cuchara del día; si apetece algo más fresco, una ensaladilla o unas aceitunas aliñadas de la casa. Es la comida ideal para hoy: sales del Alcázar y en cinco minutos estás sentado, comes de pie como un sevillano de verdad y no necesitas moverte del barrio para seguir con el plan. De remate, un café solo y una copita de manzanilla, y a la calle a buscar la sombra.
En mayo, el tramo de 14:00 a 17:00 es el más duro del día en Sevilla: el sol pega en las aceras y las calles del centro se quedan casi vacías. Los sevillanos lo tienen resuelto con la siesta, así que hazlo tú también: una hora de descanso en el hotel, la cortina echada y agua fresca a mano, y sal a media tarde con la piel recuperada. Si necesitas moverte al mediodía, evita las caminatas largas y elige trayectos directos: los taxis se cogen en paradas como la Plaza Nueva, la Puerta de Jerez o la Avenida de la Constitución, y el cuerpo lo agradece. Ropa de algodón, sombrero y botella de agua siempre encima; para entrar en iglesias y conventos, un chal ligero o manga larga que cubra los hombros. Y guarda el paseo largo para después de las 20:00, cuando la luz se vuelve dorada y la ciudad entera sale a la calle.
Hospital de los Venerables: barroco sevillano contra el calor
16:00
90

minutos

El Hospital de los Venerables es uno de esos rincones que muchos visitantes se saltan y los sevillanos adoran. Fundado en el siglo XVII para acoger a sacerdotes mayores y necesitados, es un conjunto barroco preciosísimo: patio porticado con azulejos y fuente central, salas con artesonados de madera y una iglesia donde el blanco y el dorado brillan bajo las lámparas. Hoy funciona como espacio cultural visitable con exposiciones temporales y una espléndida colección de arte barroco sevillano, así que además del edificio siempre hay algo que ver. Es un plan redondo para la hora de más calor: techos altos, muros gruesos, sombra y ese silencio de claustro que sienta de maravilla después de comer. Está en pleno Santa Cruz, a un paso de la Plaza de los Venerables y del Callejón del Agua, así que puedes enlazarlo con el paseo de vuelta al hotel sin caminar apenas.

Notas

Lo dejamos como visita sin franja horaria reservada: entras con la entrada del día cuando te venga bien, así que hoy la única cita con hora fija sigue siendo el Alcázar. Si hay exposición temporal, el recorrido cambia cada temporada y suele merecer la pena; pregunta en la entrada por el orden recomendado de las salas.
Para la noche del viernes, la agenda cultural de Sevilla ya anuncia tablaos como el Tablao Flamenco La Cantaora, el Tablao Flamenco Las Setas o la Sala Flamenca Almoraima, con entradas a la venta por internet en plataformas como elcorteingles.es, feverup.com o mireservaonline.es; el Teatro Flamenco de Triana y el Tablao flamenco El Palacio Andaluz son otras puertas seguras al mismo arte. Reserva con antelación y pregunta por el asiento: en un tablao, la primera fila significa estar a tres metros del zapateado. Reglas de oro: llega veinte minutos antes, guarda el móvil sin flash y no grabes durante el baile; los distintos palos se aplauden al terminar cada letra, no en medio. La entrada suele incluir una consumición, así que pide una copa de manzanilla o un vino dulce de la tierra y déjate llevar. Si la Feria de Abril cae esos días, verás sevillanas por todas partes y el ambiente será aún más intenso: las casetas privadas se visitan con invitación, así que busca las de acceso libre.
Tablao flamenco: el duende en treinta metros cuadrados
21:00
90

minutos

Un tablao no es un gran espectáculo de escenario: es un cuarto con sillas alrededor de un entarimado de madera donde cuatro o cinco artistas —cantaor, guitarrista, palmeros y bailaora— construyen el flamenco en directo, a metros de tu asiento. El cante empieza despacio, casi hablado, y va subiendo hasta ese instante en que todo el mundo contiene la respiración; el zapateado golpea la madera como un tambor, las palmas marcan el compás y la guitarra recoge cada quejío. El flamenco nació en Andalucía, con raíces gitanas, andaluzas y payas, y desde 2010 es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad: verlo en Sevilla, en un tablao pequeño y con una copa en la mano, se entiende mucho mejor que en cualquier museo. En pareja es, además, una de las noches más bonitas que se pueden regalar. Reserva primera fila, pide manzanilla o un vino dulce de la tierra y olvídate del reloj: la hora y media se pasa volando.

Notas

Las funciones de tablao suelen repartirse entre primera hora de la noche y medianoche; elige la que encaje con tu cena y confirma el horario exacto al comprar la entrada, porque varía según el local y la temporada. Si te apetece cenar antes, reserva mesa en Santa Cruz a las 20:00 y ve andando al tablao: casi todos están en el casco antiguo.

may 08 | sáb

Día 3 · Catedral y Giralda, última tapa bajo Las Setas y despedida con sabor a azahar
Catedral de Sevilla y la Giralda: subir por las rampas del alminar almohade
11:00
120

minutos

La Catedral de Sevilla se levanta sobre la mezquita almohade del siglo XII, y eso se nota nada más entrar al Patio de los Naranjos, con sus arcos y su fuente de abluciones. Construida entre 1401 y 1506, es la catedral gótica más grande del mundo, y el retablo mayor de la Capilla Mayor —el más grande de la cristiandad, tallado por el flamenco Pierre Dancart— impone de verdad. Busca también la tumba de Cristóbal Colón, elevada sobre cuatro figuras que representan los reinos de Castilla, León, Aragón y Navarra, y la Sacristía Mayor con su cúpula y su colección de orfebrería. La guinda es subir a la Giralda: en lugar de escaleras, el alminar se asciende por 35 rampas suaves, dicen que pensadas para que el almuédano pudiera subir a caballo, y arriba te espera una de las mejores vistas de Sevilla, con los tejados, las cúpulas y el río a los pies. Es la visita cronometrada de hoy, así que resérvala con tiempo y dedícale dos horas tranquilas.

Notas

Reserva en línea y llega quince minutos antes: hay control de seguridad. Hombros y rodillas cubiertos (un chal fino en el bolso resuelve cualquier apuro) y nada de flash. La subida a la Giralda es cómoda, sin escalones, pero hazla con calma y sin mochilas grandes. A la salida, la Plaza Virgen de los Reyes y la Plaza del Triunfo son los mejores sitios para una foto con la torre entera.
Hoy hay que compaginar visita y salida, así que deja el equipaje preparado y guardado en el hotel antes de salir: casi todos los alojamientos del centro lo custodian sin coste hasta la tarde. Ponte en la entrada de la Catedral con quince minutos de margen, con hombros y rodillas cubiertos y sin flash en la cámara, y aprovecha la franja de la mañana: la luz sobre la Giralda es magnífica y hay menos grupos. Después, come cerca y sin ceremonia, porque entre el museo y el traslado no conviene liarse con desplazamientos. Último consejo fotográfico: la postal con la torre completa se hace desde la Plaza del Triunfo, no desde la puerta principal. Y si te sobra media hora, siéntate en el Patio de los Naranjos y no hagas nada: ese es el mejor final posible.

Restaurante sugerido

Mercado de abastos, tapas y productos ibéricos

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Los mercados de abastos son el reflejo más auténtico de la vida cotidiana sevillana, y el Mercado de la Encarnación, bajo la gran estructura de madera de Las Setas, es el más fácil de combinar con un paseo por el centro. Abajo, entre puestos de pescado fresco, jamones, aceitunas aliñadas y conservas, hay barras donde se come de maravilla y rápido: una ración de jamón ibérico, el pescado del día a la plancha, unas papas aliñás o un montadito, con una caña bien fría. Es la última comida del viaje y también la más sevillana: aquí no hay carta para turistas, hay gente comprando y comiendo de verdad. Si te apetece, compra un buen aceite de oliva virgen extra, unas latas de conservas o jamón al vacío: son los mejores souvenirs comestibles y pesan menos que un azulejo.
Museo de Bellas Artes: Murillo, Zurbarán y aire fresco de despedida
15:30
90

minutos

El Museo de Bellas Artes de Sevilla ocupa el antiguo convento de la Merced Calzada, y solo por ver sus patios, su claustro y su escalera barroca ya merece la pena la entrada. Es una de las grandes pinacotecas de España, con salas dedicadas a Murillo —que pintó aquí mismo, en el claustro—, a Zurbarán, a Valdés Leal y a la escuela sevillana del Siglo de Oro, esa que llenó de santos, vírgenes y luz dorada las iglesias de la ciudad. Como plan de última tarde funciona de maravilla: es interior, fresco y está a diez minutos andando de la Catedral, en la Plaza del Museo. Recorre las salas sin agobios, siéntate un rato en el claustro a escuchar el agua de la fuente y despide el viaje con calma. Después solo queda el traslado, y así te llevas una última imagen de arte en lugar de un último recuerdo de tráfico.

Notas

Lo planteamos como visita sin hora reservada, para que no compita con la entrada cronometrada de la Catedral. Si tu tren o tu vuelo sale antes de las 18:00, cambia este bloque por un café rápido en la Plaza del Museo o por una última vuelta por el Patio de los Naranjos. Conviene confirmar el horario del sábado al planificar el día, porque las tardes de museo pueden variar según la temporada.
Traslado con las maletas hacia el último tramo del viaje
45

minutos

Recoge el equipaje en el hotel y pide un taxi o un VTC con margen: la estación de Sevilla Santa Justa está al noreste del casco antiguo, y aunque el trayecto desde el centro es corto, la circulación del centro histórico es restringida, así que conviene fijar bien el punto de recogida. La Plaza Nueva, la Plaza de la Alfalfa o el borde de la Avenida de la Constitución funcionan siempre porque son accesibles para el coche. En la estación, llega con tiempo suficiente para orientarte, hacer una última compra y no correr con las maletas. Si tu salida es en avión, el aeropuerto de Sevilla-San Pablo está al este de la ciudad y se cubre igualmente en taxi o VTC desde el centro. Ata el horario de este bloque al billete que hayas comprado: el plan de hoy se estira o se recorta según esa hora.

Notas

Reserva el traslado la noche anterior y confirma el punto de recogida, sobre todo si el alojamiento está en una calle peatonal. Cuenta con margen suficiente para el control de accesos y para cualquier imprevisto de tráfico en hora punta.
Calcula llegar a la estación o al aeropuerto con la antelación que pida tu compañía y confirma el punto de recogida del taxi la noche anterior; las calles del centro se cortan con frecuencia y ese detalle evita carreras. Si te quedan dos horas libres antes de salir, tienes planes perfectos a mano: el Patio de los Naranjos y la Plaza del Triunfo para la foto final, un café en la Plaza del Museo o una última vuelta por la Plaza del Salvador para comprar aceite de oliva, conservas, un abanico o unos azulejos de Triana. Guarda bien las entradas de la Casa de Pilatos, el Alcázar y la Catedral: son visitas con franja horaria y llegar tarde suele costar la entrada. Y una recomendación de despedida: no añadas una visita más. Sevilla se recuerda mejor con la sensación de que te ha sobrado tiempo para sentarte en una plaza, no con la de haber corrido detrás de un mapa.

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15 oct 2026
Revisado
15 oct 2026
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Preguntas frecuentes

¿Son suficientes 3 días para ver Sevilla?

Para una primera visita, sí: tres días alcanzan para el Real Alcázar, la Catedral y la Giralda, la Casa de Pilatos, Santa Cruz y una noche de flamenco sin prisas. Suma un día si quieres una excursión a Córdoba.

¿Hay que reservar el Alcázar y la Catedral con antelación?

Sí. Los dos funcionan con entrada por franja horaria y en primavera se agotan: reserva en línea con unos días de margen y elige la mañana, cuando el calor aún no aprieta.

¿Dónde alojarse en Sevilla para 3 días?

En Santa Cruz o en las calles entre la Catedral y la Alfalfa: el Alcázar, la Catedral, la Casa de Pilatos y las mejores tabernas quedan a un paseo.

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