Nuestra caminata principal por la plaza termina aquí, pero el misterio de la Ciudad Vieja apenas comienza. Te invito a que ahora elijas uno de los estrechos callejones que parten de esta plaza. Si caminas hacia el sur, entrarás en las rutas que Franz Kafka recorría a diario; si vas hacia el norte, llegarás en pocos minutos al Barrio Judío o Josefov, con su historia resiliente. Praga es una ciudad para perderse literalmente, como sugieren los locales, para encontrar patios escondidos, pequeñas galerías de marionetas y cafés que conservan el aroma de principios del siglo veinte. Sigue el sonido de los músicos callejeros o el aroma del trdelník, ese dulce de canela asado, y deja que la ciudad te cuente sus propios secretos mientras te diriges, quizás, hacia el famoso Puente de Carlos para ver el atardecer sobre el río Moldava.