Sube la cuesta desde Eminönü hasta Beyazıt y entra en el Gran Bazar, el corazón comercial del imperio otomano desde que Mehmed II lo impulsó tras la conquista de 1453 y Solimán el Magnífico lo amplió en el siglo XVI. Es una ciudad cubierta: decenas de calles abovedadas, techos pintados con motivos florales, patios como el İç Bedesten —el núcleo más antiguo, donde se han vendido objetos preciosos durante siglos— y miles de tiendas encendidas como escaparates.
Aquí se compra sobre todo joyería de oro, alfombras, textiles, cerámica y cobre, y el regateo es un deporte amistoso más que una pelea: pregunta el precio, acepta el çay que te ofrezcan, compara en dos o tres tiendas y responde con calma; a nadie le ofende que digas que lo pensarás. Los vendedores de alfombras son famosos por su hospitalidad, así que si os interesa el textil, reservad quince minutos solo para escuchar y aprender a distinguir nudos y tintes.
Dos detalles prácticos: los domingos el bazar cierra, y hoy, 23 de abril, es fiesta nacional en Turquía, así que conviene confirmar el horario de la jornada y contar con más ambiente local de lo habitual. Para salir, orientaos por las puertas históricas —Nuruosmaniye, Beyazıt, Çarşıkapı—: son la mejor brújula en este laberinto.
Notas
Regatea siempre en liras turcas y pide el 'son fiyat' (último precio) cuando estés decidido. Las alfombras y piezas grandes se envían a casa, pero tardan semanas: si necesitas llevarlo hoy, mejor textil pequeño, cobre o cerámica. Las calles laterales, como Çadırcılar o Keseciler, son más tranquilas y tienen utensilios y telas a buen precio.