La construcción de este palacio fue iniciada por el sultán Abdülmecid primero en el año 1843, cuando decidió que el antiguo Palacio de Topkapi ya no ofrecía el confort ni el estilo de las cortes europeas de la época. Para hacer realidad su visión, contrató a la prestigiosa familia de arquitectos armenios Balyan, quienes diseñaron una estructura que se extiende por 600 metros a lo largo de la costa europea. Este palacio no fue solo una obra maestra de ingeniería, sino también un esfuerzo económico colosal que costó cerca de 35 toneladas de oro, lo que equivalía a casi una cuarta parte de los ingresos fiscales anuales del Imperio Otomano en ese momento. Al observar su fachada blanca, imagina el impacto que tuvo este edificio como símbolo de una nueva era de occidentalización y suntuosidad sin precedentes.