La arquitectura de Topkapi está pensada de forma jerárquica: cuanto más avanzas, más exclusivo y sagrado se vuelve el espacio. El Primer Patio era el más público, donde cualquier ciudadano podía entrar; aquí se encuentran las cocinas reales, que llegaron a albergar una colección de casi 12 000 piezas de porcelana china y japonesa. Al cruzar la Puerta de la Salutación, entras al Segundo Patio, el corazón administrativo donde el Diván, o consejo imperial, se reunía para discutir asuntos de estado. Un detalle fascinante es el sistema de control visual: el sultán podía escuchar las deliberaciones del Diván a través de una reja dorada sin ser visto, asegurando que sus ministros siempre sintieran su presencia vigilante. Este diseño axial, que culmina en el Tercer y Cuarto Patio, permitía al monarca mantener una transición fluida entre sus deberes públicos y su vida privada en los pabellones rodeados de fuentes que simbolizaban el paraíso en la tierra.