Para entender este laberinto, debemos retroceder hasta el invierno de 1455. Apenas dos años después de la conquista de Constantinopla, el sultán Mehmed el Conquistador ordenó la construcción de dos edificios centrales hechos de piedra llamados bedestenes. ¿Sabías que el propósito original del bazar no era solo el comercio, sino recaudar fondos para el mantenimiento de la gran mezquita de Santa Sofía? Aquellos dos núcleos iniciales, el Cevahir y el Sandal, se convirtieron en el imán que atrajo a mercaderes de todas partes. Con el tiempo, este espacio de madera y piedra creció orgánicamente, resistiendo incendios y terremotos, para transformarse en el gigante de 45 000 metros cuadrados que ves hoy. Es fascinante pensar que, bajo estas cúpulas, el poder económico del Imperio Otomano se consolidó frente al resto del mundo.