El Distrito del Castillo —Várnegyed en húngaro— es la colina que vigila el Danubio desde el siglo XIII y forma, junto a las orillas del río, el conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad que le da nombre. El Palacio de Buda que ves hoy es un superviviente: tras los asedios otomanos, el esplendor barroco, la reconstrucción de los Habsburgo y la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, poco queda del castillo original, pero su silueta sigue siendo el símbolo de la ciudad y sus terrazas, uno de los mejores miradores de Budapest. Dentro funcionan la Galería Nacional Húngara, el Museo de Historia de Budapest y la Biblioteca Nacional Széchényi: si el tiempo aprieta, elige uno y guárdalo para un día de lluvia.
Sube hasta la plaza de la Trinidad, presidida por la columna barroca de la Santísima Trinidad, y dedica tiempo a la Iglesia de Matías, donde fueron coronados los reyes húngaros y donde Francisco José e Isabel —la emperatriz Sisi— sellaron en 1867 el Compromiso austrohúngaro. Su tejado de azulejos Zsolnay, con rombos verdes, naranjas y azules, es inconfundible, y el interior, reconstruido por Frigyes Schulek, mezcla arcos góticos, frescos y una luz que parece de otro siglo.
Justo detrás, el Bastión de los Pescadores se abre al Danubio con siete torres cónicas, una por cada tribu magiar, construidas entre 1895 y 1902 como mirador decorativo y bautizadas en honor al gremio de pescadores que defendía esta muralla. Las terrazas superiores tienen entrada y las vistas al Parlamento son sencillamente las mejores de la ciudad. Baja después por la calle Mihály Táncsics, probablemente la más hermosa de la colina, con casas barrocas de colores pastel que sobrevivieron a los bombardeos. Y no te pierdas el detalle medieval del Hilton Budapest, que integra en su estructura los restos de un claustro dominico: historia y hotel compartiendo muro.
Notas
Orden recomendado: primero la iglesia, que suele cerrar a media tarde, luego el Bastión y por último el palacio, cuyas terrazas y jardines se disfrutan hasta más tarde. Calzado cómodo obligatorio: adoquines y cuestas. En primavera, lleva una capa extra, porque en la colina el viento sopla más fuerte que en Pest.