Estás de pie en el kilómetro cero espiritual y geográfico de Viena: la Plaza de San Esteban o Stephansplatz. Mira a tu alrededor y fíjate en el asombroso contraste.[1] A un lado, la imponente masa gótica de la Catedral de San Esteban; al otro lado, el moderno edificio Haas-Haus, con su fachada de cristal curva que refleja la historia en su superficie. Este lugar ha sido el alma de la ciudad desde mil ciento treinta y siete, pasando de ser un antiguo cementerio a una vibrante zona peatonal donde se cruzan turistas de todo el mundo y las tradicionales carrozas de caballos conocidas como Fiaker. Siente la energía de este Patrimonio de la Humanidad donde cada piedra parece tener algo que susurrarte sobre el pasado imperial de Austria.