A diferencia de muchos castillos europeos que quedaron en ruinas, Hohensalzburg presume de un récord asombroso: ¡nunca fue tomada por tropas extranjeras! Su secreto reside tanto en su ubicación estratégica como en su constante evolución. A lo largo de los siglos, los arzobispos invirtieron la inmensa riqueza obtenida del oro blanco —la sal de las minas cercanas— para reforzar estos muros. Imagina el desafío que suponía para cualquier invasor enfrentarse a estos baluartes. Solo en una ocasión, durante la guerra de los campesinos en 1525, la fortaleza se vio realmente amenazada desde dentro, pero resistió con firmeza. Para moverte por este complejo de 11 hectáreas, puedes usar el funicular Festungsbahn, que es el más antiguo de Austria, inaugurado en 1892. Si decides caminar, el ascenso te llevará unos veinte minutos, permitiéndote apreciar la magnitud de su arquitectura defensiva paso a paso.