Estás ante uno de los monumentos más icónicos y fotografiados de toda Alemania, un lugar donde la realidad y la fantasía se funden en el corazón de los Alpes bávaros. El Castillo de Neuschwanstein, situado en la calle Neuschwansteinstrasse número veinte, no fue diseñado por un arquitecto de guerra, sino por un escenógrafo teatral llamado Christian Jank. Su promotor, el rey Luis Segundo de Baviera, conocido como el Rey Cisne, deseaba crear un refugio privado lejos del bullicio de la corte de Múnich, un espacio donde pudiera vivir sus sueños de la caballería medieval. Al contemplar sus torres blancas que parecen brotar de la roca, estás viendo la culminación de una obsesión romántica que desafió las convenciones de su tiempo.