El Hofburg fue durante siglos la residencia de invierno de los Habsburgo y el centro nervioso de un imperio multilingüe y multiétnico que convirtió a Viena en su capital intelectual y política. Hoy el complejo sigue siendo una ciudad dentro de la ciudad: capillas, bibliotecas, escuelas de equitación y alas enteras de museos. Tu visita se concentra en el corazón residencial, es decir, los Apartamentos Imperiales, el Museo Sisi y la Colección de Plata.
Existen entradas combinadas que, según su composición vigente, pueden cubrir a la vez el Hofburg y el Grand Tour de Schönbrunn; conviene confirmar en taquilla o en la web oficial qué incluye cada modalidad y hasta cuándo es válida, porque las condiciones cambian. La idea de fondo se mantiene: hoy el Hofburg y, en tu último día, Schönbrunn, sin juntar nunca los dos palacios en la misma jornada.
Dentro, la historia se vuelve doméstica y por eso emociona más: las habitaciones de Francisco José, con su mesa de trabajo y su cama de hierro de soldado, cuentan a un emperador que se levantaba antes del amanecer y trabajaba hasta la extenuación; el Museo Sisi reconstruye la figura de Elisabeth, la emperatriz más fotografiada y menos feliz de Europa, con sus vestidos, su gimnasia obsesiva y su final trágico. La Colección de Plata, por su parte, impresiona por puro volumen: cubertería y vajilla para banquetes de cientos de invitados, ordenadas con la precisión de un ejército. Entra por la Michaelertor, en Michaelerplatz, y no salgas sin asomarte al patio interior y a las fachadas de la plaza, que ya reconocerás del paseo de ayer.