Eleva tu mirada hacia el techo y prepárate para sorprenderte. Lo que ves no es una pintura, sino un mosaico gigante formado por 230 000 tejas esmaltadas de colores vibrantes. Estos azulejos dibujan intrincados patrones en zigzag y, en el lado sur, el imponente águila bicéfala que representa el poder de la dinastía de los Habsburgo. Pero este tejado cuenta una historia de resiliencia: casi fue destruido por completo en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, en abril de 1945, cuando un incendio masivo provocado por fuegos cercanos hizo colapsar la estructura de madera. La reconstrucción que ves hoy fue posible gracias a las donaciones de ciudadanos de toda Austria, convirtiendo a la catedral en un símbolo de renacimiento nacional. Es un recordatorio visual de que, incluso ante la ceniza, la belleza puede florecer de nuevo.