La estructura que ves hoy es, en su mayoría, fruto de reconstrucciones de los siglos dieciséis y diecisiete, tras un devastador terremoto en 1511. Sin embargo, la historia nos cuenta que el castillo pasó a manos de la poderosa dinastía de los Habsburgo en el año 1335, funcionando como su baluarte estratégico en la región de Carniola. Pero no siempre fue un lugar de nobleza. En el siglo diecinueve, bajo el dominio del Imperio Austríaco, el castillo sufrió una transformación radical: se convirtió en una prisión estatal y un fuerte militar. Si exploras las áreas de las celdas, verás cómo la atmósfera cambia drásticamente. Lo más fascinante es que este monumento estuvo a punto de desaparecer; a finales del siglo diecinueve estaba tan deteriorado que se pensó en demolerlo. Por suerte, en 1905, el visionario alcalde Iván Hribar convenció a la municipalidad de comprar el castillo, salvándolo para que hoy todos podamos disfrutarlo como un espacio público.