La geología de este lugar cuenta una historia de paciencia infinita. Lo que hoy ves como un meandro encajado comenzó hace unos cinco o seis millones de años. En aquel entonces, el río Colorado fluía perezosamente sobre una llanura casi plana. Sin embargo, un fenómeno conocido como levantamiento tectónico comenzó a elevar la meseta del Colorado, empujando la tierra hacia arriba. En lugar de cambiar de curso, el río quedó atrapado en su propio lecho y comenzó a excavar verticalmente con una fuerza erosiva implacable, cortando a través de la arenisca Navajo. Esta roca, que ves en tonos naranjas y rojos, se formó hace unos 200 millones de años a partir de dunas de arena gigantescas que una vez cubrieron este desierto. Es un recordatorio de que, incluso ante la roca más sólida, el agua siempre encuentra su camino si tiene suficiente tiempo.