Los protagonistas absolutos aquí son las Sequoias de la Costa, conocidas científicamente como Sequoia sempervirens. A diferencia de sus parientes, las Sequoias Gigantes de la Sierra, estas son más delgadas pero mucho más altas; de hecho, son los seres vivos más altos del mundo. El ejemplar más alto en este bosque alcanza los 78 metros, ¡casi tanto como un edificio de veinticinco pisos! Pero lo más asombroso no es su altura, sino su edad. Muchos de los árboles que te rodean tienen entre quinientos y ochocientos años, y el más veterano supera los 1200 años de antigüedad. Sobreviven gracias a una corteza rica en taninos que los protege de insectos y del fuego, y a un sistema de raíces que, aunque es superficial, se entrelaza con el de sus vecinos para sostenerse mutuamente frente a las tormentas. Aquí, la cooperación es la clave de la longevidad.