Para entender por qué este mercado existe hoy, tenemos que viajar al diecisiete de agosto de 1907. En ese entonces, los ciudadanos de Seattle estaban furiosos porque los precios de los productos, especialmente las cebollas, habían subido astronómicamente, enriqueciendo solo a los intermediarios. El concejal Thomas Revelle propuso crear un espacio donde los agricultores pudieran vender directamente a los consumidores. En su primer día, siete carretas de caballos llegaron aquí y se agotaron en minutos ante una multitud ansiosa. Décadas después, en los años 1960, el mercado estuvo a punto de ser demolido para construir oficinas, pero gracias a una campaña ciudadana liderada por el arquitecto Víctor Steinbrueck, los residentes votaron en 1971 para salvarlo y convertirlo en un distrito histórico preservado. Hoy, esos mismos edificios albergan a más de quinientas pequeñas empresas y residentes locales.