A medida que avanzas hacia el Richard Jota Daley Center, te encontrarás cara a cara con una de las figuras más curiosas de la ciudad: el Chicago Picasso. Esta enorme escultura de acero corten, de 15 metros de altura y 162 toneladas de peso, fue dedicada en agosto de 1967. Curiosamente, cuando se inauguró, muchos ciudadanos se sintieron confundidos por su forma abstracta, pero hoy es un icono inseparable del Loop. El propio Pablo Picasso nunca explicó qué representaba, y aunque algunos ven un perro o un perfil femenino, el artista se negó a recibir el pago de 100 000 dólares, donando la obra íntegramente a los habitantes de Chicago. Un dato práctico: si viajas con niños o simplemente quieres sentirte como uno, notarás que la base está diseñada de tal forma que es común ver a la gente deslizándose por ella como si fuera un tobogán. Esta obra inició una ley local que exige destinar un porcentaje del presupuesto de edificios públicos al arte, convirtiendo este barrio en una galería gratuita con piezas de Joan Miró, Alexander Calder y Marc Chagall.