Al encontrarse ante las imponentes puertas de Burg Kreuzenstein, situado en una cresta a doscientos sesenta y cinco metros sobre el nivel del mar, está contemplando lo que muchos llaman la versión ideal de la Edad Media. Podría sentir que ha entrado directamente en un libro de cuentos, y hay una muy buena razón para ello. Aunque sus cimientos se remontan al siglo XII, los macizos muros de piedra y las torres puntiagudas que ve hoy son el resultado de una visión extraordinaria de finales del siglo XIX. Originalmente sede de los condes de Formbach y más tarde fortaleza de los Habsburgo, la fortaleza original fue lamentablemente demolida en mil seiscientos cuarenta y cinco por las fuerzas suecas durante la Guerra de los Treinta Años [4]. Estuvo en ruinas durante más de dos siglos hasta que se transformó en esta obra maestra de la arquitectura. Al observar la estructura circular, piense en ella no solo como un castillo, sino como una máquina del tiempo diseñada para capturar el espíritu romántico de una era perdida. Tómese un momento para respirar el aire del campo de la Baja Austria antes de sumergirse en la fascinante historia del hombre que devolvió la vida a estas ruinas [0].