Te encuentras frente a uno de los monumentos más asombrosos del mundo: la Sainte-Chapelle. Imagina que este edificio, situado en el número diez del Boulevard du Palais, no fue diseñado solo como una iglesia, sino como un joyero gigante de piedra y cristal. Fue construida en apenas siete años, un tiempo récord para la época, y consagrada en el año mil doscientos cuarenta y ocho. Al entrar en este recinto, que todavía hoy forma parte del complejo del Palacio de Justicia, estás siguiendo los pasos de los antiguos reyes de Francia en el corazón mismo de la capital. Prepárate para dejar atrás el ruido de París y sumergirte en un espacio donde la luz parece cobrar vida propia.