Estás de pie en el lugar donde todo comienza en Francia. Mira hacia el suelo de la plaza, el Parvis de Notre-Dame, y busca una placa de bronce rodeada por una rosa de los vientos. Es el Punto Cero de las carreteras francesas, desde el cual se calculan todas las distancias del país. Ante ti se alza la Catedral de Notre-Dame, una joya del gótico tallada en la Isla de la Cité, el núcleo original de París. Tras el devastador incendio de abril de dos mil diecinueve, que conmovió al mundo entero, la catedral ha renacido. Su reapertura oficial el ocho de diciembre de dos mil veinticuatro marcó el inicio de una nueva era para este monumento que recibe a catorce millones de visitantes cada año. Siente la energía de este espacio, que no es solo un museo de piedra, sino un ser vivo que ha custodiado la historia de París durante más de ochocientos cincuenta años.