Imaginen Kioto a finales del siglo XVI. Toyotomi Hideyoshi ha puesto el país bajo su control y decide que la capital necesita un Gran Buda que rivalice con el famoso de Todai-ji en Nara. La tradición dice que, al principio, presumió de que terminaría en la mitad del tiempo que tardó el emperador Shōmu en completar el Gran Buda de Nara. Las obras comenzaron en 1588, en un terreno de la zona donde hoy se levanta el Museo Nacional de Kioto. El proyecto estuvo marcado por la mala suerte. Un gran terremoto derribó la obra, y además un incendio la destruyó. El 15 de enero de 1602, un incendio provocado por trabajadores descuidados consumió tanto la gran imagen del Buda como el salón que la albergaba. El proyecto se completó finalmente en 1612, bajo el hijo de Hideyoshi, Hideyori. La historia de los edificios no terminó ahí. Cuando el Salón del Gran Buda de Todai-ji fue reconstruido, con las obras finalizadas en 1709, su diseño tomó como modelo el segundo salón de Hōkō-ji. Así, el Salón del Gran Buda que quizá conozcan en Nara conserva ecos del de Kioto. Durante casi noventa años, desde 1709 hasta que un rayo quemó el Buda de Kioto y su salón en 1798, dos Grandes Budas se alzaron uno junto al otro, uno en Nara y otro en Kioto. Un Buda más pequeño fue reconstruido en 1843 y duró hasta el 28 de marzo de 1973, cuando un incendio accidental lo destruyó. Después de eso, el Gran Buda desapareció de Hōkō-ji.