La imponente iglesia que tienes delante fue fundada en el año 543 por el rey merovingio Childeberto Primero. Él ordenó su construcción para albergar una reliquia sagrada, la túnica de San Vicente Mártir, traída desde Zaragoza, España. Durante siglos, esta fue la abadía más poderosa de Francia y sirvió como la primera necrópolis real, acogiendo los restos de los reyes merovingios mucho antes de que la Basílica de Saint-Denis tomara ese papel. Aunque las invasiones normandas del siglo noveno dañaron seriamente el monasterio, fue reconstruido en un estilo románico que aún puedes apreciar en su robusta torre campanario. Como dato fascinante, entre sus gruesos muros todavía descansan los restos del famoso filósofo René Descartes, cuya tumba puedes encontrar en una de las capillas laterales del interior. Es un recordatorio de que aquí, el pensamiento y la fe han caminado juntos desde el inicio de los tiempos.