La historia de este edificio comienza con la recuperación de un rey de una grave enfermedad. En 1744, el rey Luis XV prometió que si sobrevivía, construiría una iglesia magnífica para honrar a Santa Genoveva, la patrona de París. Encargó al arquitecto Jacques-Germain Soufflot la creación de un templo que compitiera con la Basílica de San Pedro en Roma. Sin embargo, para cuando se terminó en 1790, la Revolución Francesa estaba en pleno apogeo. El gobierno revolucionario decidió que este nuevo edificio no debía servir a Dios, sino ser el Templo de la Nación. Añadieron la famosa inscripción que se ve en el frente: 'A los grandes hombres, la patria agradecida'. Curiosamente, las ventanas fueron tapiadas durante esta transición para dar al interior una atmósfera más sombría, similar a una tumba, reflejando su nuevo papel como mausoleo nacional donde descansarían los héroes de la República.