Es curioso pensar que este denso entramado urbano fue una vez un campo abierto de cultivos. En el año 1536, el rey Enrique octavo se apropió de estas tierras para convertirlas en un parque real de caza. De hecho, el nombre «Soho» tiene un origen fascinante: se cree que proviene de un antiguo grito de caza, un grito que los aristócratas lanzaban cuando avistaban a una liebre o a un zorro. Tras el Gran Incendio de Londres de 1666, el área comenzó a urbanizarse con la intención de atraer a la clase alta, pero pronto se transformó en un crisol de culturas. En la década de 1680, miles de hugonotes franceses, que huían de la persecución religiosa, se asentaron aquí, convirtiendo a Soho en el primer «barrio francés» de la capital. Esa identidad multicultural se ha mantenido viva hasta hoy, acogiendo a comunidades italianas, judías y chinas en diferentes épocas de su historia.