Acompáñame ahora al año 1630. El cuarto conde de Bedford, Francis Russell, quería transformar estos campos en una zona residencial de alto nivel. Para ello, contrató a la gran estrella de la arquitectura de la época: Inigo Jones. Jones acababa de regresar de Italia fascinado por el Renacimiento y decidió regalarle a Londres su primera plaza planificada, inspirándose en la Piazza de Liorna. El resultado fue una explanada monumental rodeada de arcadas elegantes. Sin embargo, hubo un detalle curioso con el presupuesto. El conde le pidió a Jones que construyera una iglesia pero, para ahorrar dinero, le dijo que no fuera más que un granero. Jones, con cierto sarcasmo, respondió que le daría el granero más hermoso de toda Europa. Así nació la Iglesia de Saint Paul, que verás en el extremo oeste de la plaza. Aunque las casas originales hoy casi han desaparecido, el diseño clásico de Jones estableció el estándar para el desarrollo del West End, convirtiendo a este barrio en el epicentro de la sofisticación británica.