Antes de irse, recuerden que este es un museo además de un edificio. Organiza tres grandes exposiciones al año, y cada una tiene un tema dentro del arte moderno de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Junto a ellas se presentan tres muestras más pequeñas, procedentes sobre todo de la colección del propio museo y configuradas según los intereses de sus conservadores. Si entran en la sala de historia, encontrarán una oficina recreada de la era Meiji, con muros de yeso y un techo artesonado de madera. El mobiliario sigue la tradición del mueble de Shiba, fabricado en la zona cercana a la actual estación de Shimbashi, donde Conder apoyó a los artesanos locales. También hay una maqueta del edificio original a escala de un cuarentavo, y en ella, en la pared del salón principal del banco, cuelga una máscara Okame vinculada a Iwasaki Yataro. Una línea del tiempo muestra además cómo se desarrolló Marunouchi, desde el inicio del período Edo hasta la actualidad. En diciembre de 2024, el gobierno municipal de Chiyoda declaró el edificio Bien de Paisaje y Entorno Urbano Importante. Echen una última mirada al ladrillo, a los tejados y a las torres que se alzan detrás, y vean cómo lo antiguo y lo nuevo han aprendido a compartir un rincón de Tokio.