Bienvenido al corazón de Tokio. Al encontrarte aquí, frente a la Puerta Principal del Palacio Imperial de Tokio, te hallas en una intersección única entre el pasado de Japón y su identidad moderna. Mira a tu alrededor. Detrás de ti, los elegantes rascacielos del distrito financiero de Marunouchi se elevan sobre los árboles, pero frente a ti, la vista se transforma en un paisaje tranquilo y lleno de grava que ha servido como centro del poder japonés durante siglos [4], [7]. Este mismo lugar es donde comienza la transición de la bulliciosa metrópolis a los terrenos sagrados del Emperador. La vasta plaza de grava por la que caminas estuvo antaño ocupada por las grandes mansiones de los señores samuráis de más alto rango, conocidos como daimyo, que servían al Shogun [1], [2]. Hoy en día, funciona como un amortiguador sereno, un espacio abierto que invita a bajar el ritmo y apreciar la belleza arquitectónica y natural que define este hito [1]. Notarás el crujir de la grava bajo tus pies; esto era históricamente una medida de seguridad, ya que era imposible acercarse a los muros del palacio en silencio. Deja que el ruido de la ciudad se desvanezca mientras comenzamos nuestra exploración de las historias ocultas tras estos muros de piedra.