Si miras a los lados del camino principal, verás una curiosa hilera de barriles. A un lado, los tradicionales barriles de sake, llamados kazaridaru, donados por cervecerías de todo el país como ofrenda a las deidades. Pero, sorprendentemente, en frente verás barriles de vino de Borgoña. Esta es una rareza en los santuarios japoneses y simboliza el gusto del emperador Meiji por la cultura occidental y su deseo de modernización. Antes de acercarte al santuario principal, recuerda un punto práctico de etiqueta: detente en el Temizuya, la fuente de agua. Debes usar el cazo de madera para lavar primero tu mano izquierda, luego la derecha y finalmente enjuagar tu boca, siempre sin tocar el cazo directamente con los labios. Este acto de purificación ritual te prepara mentalmente para entrar en la presencia de lo divino con respeto y humildad.