Para entender este lugar, debemos retroceder hasta el siglo dieciséis. Tras la caída del Reino Nazarí en 1492, muchos musulmanes y judíos fueron expulsados de la ciudad. En los márgenes de la nueva sociedad cristiana, estos grupos, junto a los gitanos llegados de Europa y África, buscaron refugio en las laderas de este monte. Fue así como nacieron las famosas casas-cueva. No pienses en ellas como lugares oscuros o húmedos; estas viviendas son pequeñas joyas de la ingeniería popular que mantienen una temperatura constante de unos 18 a 20 grados centígrados durante todo el año, siendo frescas en el sofocante verano granadino y cálidas en invierno. Si tienes oportunidad, visita el Museo Etnográfico de las Cuevas del Sacromonte, situado en el Barranco de los Negros. Por una entrada de unos cinco euros, podrás ver cuevas recreadas tal y como eran hace cien años, con sus fraguas, telares y útiles de cestería, que eran los oficios tradicionales de sus habitantes. Es una lección fascinante de cómo la humanidad se adapta al entorno más difícil.