Es imposible entender Alfama sin sentir el Fado. Esta canción melancólica, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, nació precisamente aquí, entre los marineros, pescadores y gente humilde que habitaba estos callejones frente al río Tajo. El Fado canta a la saudade, ese sentimiento tan portugués que mezcla la nostalgia por lo perdido con la esperanza de lo que está por venir. Un consejo práctico para tu visita: aunque hay grandes casas de Fado muy famosas, la experiencia más pura se vive al caer el sol en las pequeñas tabernas o tascas locales. A veces, el fado más auténtico es el llamado vadiu o espontáneo, donde cualquier vecino puede levantarse a cantar de repente mientras disfrutas de una copa de vino. No busques perfección técnica, busca la emoción cruda que brota de la garganta del cantante.