Se encuentra en el punto más alto del antiguo Oporto, en la ventosa colina de Penaventosa. Mire a su alrededor en el Terreiro da Sé, una plaza que ha servido como corazón cívico y espiritual de la ciudad durante casi mil años [1]. Ante usted se alza la Catedral de Oporto, o Sé do Porto, un imponente monumento de granito que se parece más a un castillo militar que a un lugar de culto típico. Fundado a principios del siglo XII por el obispo Hugo, un noble francés que llegó incluso antes de que Portugal se convirtiera en un reino independiente, este edificio fue diseñado para ser un refugio [2]. En aquellos tiempos turbulentos, una iglesia necesitaba hacer algo más que ofrecer oraciones; necesitaba ofrecer protección [1]. Al observar esas enormes torres gemelas y las gruesas almenas dentadas, está viendo un vestigio de una época en la que el obispo de la ciudad era también su defensor militar. Tómese un momento para respirar la historia aquí, donde las mismas piedras bajo sus pies representan el nacimiento del propio Oporto.