Quizás te sorprenda saber que este rincón de Escocia tiene una conexión directa y algo trágica con España. En mayo de 1719, durante los levantamientos jacobitas que intentaban devolver el trono a los Estuardo, una expedición española desembarcó en estas costas apoyada por el rey Felipe Quinto. Un contingente de unos cincuenta soldados españoles se atrincheró en este castillo para defenderlo. Sin embargo, la Marina Real británica envió tres fragatas —el Worcester, el Flamborough y el Enterprise— que bombardearon masivamente los muros durante tres días. Al final, los defensores se rindieron y los británicos descubrieron una enorme cantidad de pólvora española en el interior, la cual utilizaron para dinamitar lo poco que quedaba en pie de la fortaleza. Cuenta la leyenda local que el fantasma de uno de esos soldados españoles todavía vaga por el castillo, aunque se dice que es muy respetuoso con sus compatriotas. Tras esa explosión masiva, el castillo quedó reducido a un montón de escombros olvidados durante casi doscientos años, convertido en poco más que una silueta de ruinas junto al lago.