Mientras se detiene aquí, recuerde que la mañana del 6 de agosto de 1945, a las 8:15, golpeó a una ciudad de unas 350.000 personas. Entre ellas había niños. Miles de estudiantes movilizados, 9.111 en total, trabajaban esa mañana en la demolición de edificios, y muchas jóvenes vidas se perdieron. Los escolares más pequeños, de tercero a sexto grado, habían sido evacuados en grupos, y algunos regresaron para descubrir que sus familias y sus hogares ya no existían. Esa es la historia más amplia que guarda este monumento, y hace que las pequeñas grullas de papel resulten aún más conmovedoras. Antes de seguir su camino, mire una vez más a la niña de lo alto, con los brazos levantados sosteniendo una grulla, y a los colores reunidos bajo ella. El parque que lo rodea alberga muchos otros memoriales, entre ellos el Cenotafio, desde donde se puede ver la Cúpula de la Bomba Atómica a través del arco. Cada uno cuenta una parte distinta de la historia, y es posible que este, construido por niños, sea el que más tiempo le acompañe.