Tu viaje por este gigante de mármol solo acaba de empezar. Antes de seguir explorando, te invito a que prestes atención a dos detalles ocultos que muchos pasan por alto. Si entras en la catedral, busca en el suelo, cerca de la puerta principal, una fina tira de bronce: es un reloj de sol de 1768, tan preciso que se usaba para regular los relojes de toda la ciudad. Y si miras hacia lo alto, sobre el altar mayor, verás una pequeña luz roja que marca el lugar donde se custodia uno de los clavos que, según la tradición, se usaron en la crucifixión de Cristo. Milán es una ciudad de moda y negocios, pero aquí, bajo estas bóvedas, el tiempo parece detenerse. Sigue descubriendo cada rincón a tu ritmo, quizá visitando el área arqueológica bajo la plaza para ver los restos de los antiguos bautisterios del siglo cuarto. La catedral siempre tiene un secreto nuevo que contarte si sabes dónde mirar.