Mire hacia el horizonte de la basílica y verá algo muy poco común en una iglesia italiana: torres gemelas que se elevan desde la parte trasera. Mientras que muchos campanarios italianos se mantienen aislados, estos gigantes simétricos revelan un secreto cultural fascinante. Los monjes benedictinos que reconstruyeron esta iglesia entre 1050 y 1095 estaban influenciados por estilos arquitectónicos de Borgoña y Normandía. Este toque nórdico otorga a la basílica su silueta vertical única, un estilo que atravesó los Alpes y se asentó aquí en Lombardía. Al rodear el exterior, preste mucha atención a las ventanas del coro. Están enmarcadas por intrincadas tallas de animales, flores y patrones geométricos, realizadas por los famosos maestros comacini, canteros medievales altamente calificados que fueron renombrados en toda Europa por su dominio de la piedra. Un consejo práctico: intente visitarla por la mañana, cuando la luz incide en la fachada, resaltando la noble sencillez de sus bloques de piedra gris.