Para entender Windsor, debemos mirar hacia el centro, hacia la famosa Torre Redonda que domina el horizonte. Originalmente, Guillermo el Conquistador construyó aquí una fortificación de tipo mota castral, con una torre de madera sobre un montículo artificial rodeado por un foso. Fue el rey Enrique segundo quien, en el siglo doce, comenzó a sustituir la madera por piedra de origen local, reforzando las defensas que protegían el acceso occidental a Londres. A lo largo de los siglos, cada monarca añadió su toque personal. Eduardo tercero, por ejemplo, gastó la astronómica suma de 50 000 libras esterlinas en el siglo catorce, una fortuna en su época, para transformar Windsor en un lujoso palacio gótico con apartamentos reales separados. Más tarde, en el siglo diecinueve, el rey Jorge cuarto elevó la altura de la Torre Redonda unos 9 metros para darle esa silueta dramática e imponente que tanto nos impresiona actualmente. Es una mezcla fascinante de fortaleza medieval y residencia de ensueño.