Para entender este lugar, debemos retroceder al siglo quince. La construcción de esta ciudadela se atribuye al Inca Pachacútec, el gran transformador del imperio, alrededor del año 1450. Sin embargo, investigaciones modernas con espectrometría de masas sugieren que podría ser incluso treinta años más antigua, funcionando desde 1420. Machu Picchu no fue una ciudad común; fue una Llacta o centro administrativo y religioso, y muy probablemente una hacienda real para el emperador y su linaje familiar. Al observar las estructuras desde esta altura privilegiada, puedes imaginar a la élite inca retirándose aquí para ceremonias sagradas y descanso, lejos del bullicio de Cusco, la capital del imperio que se encuentra a unos 80 kilómetros de distancia.