Antes de seguir tu camino, mira hacia las aguas oscuras. Debido a la gran cantidad de lluvia, la capa superficial es de agua dulce teñida por los taninos de los bosques circundantes, lo que bloquea la luz del sol. Esto crea un fenómeno asombroso: corales negros, que normalmente viven en las profundidades abisales a cientos de metros, aquí crecen a solo 10 metros de la superficie, visibles para quienes se sumergen. Es un recordatorio de que en Piopiotahi, lo que ves es solo la mitad de la historia. Te invito a que te quedes un momento en silencio, lejos del bullicio de los barcos, y escuches el rugido de la selva y el agua. Quizás logres imaginar el aislamiento total que sintió Donald Sutherland, el primer residente permanente que vivió aquí como un ermitaño a finales del siglo diecinueve. ¿Qué otros secretos guardarán estos abismos?