La historia de este palacio es, en realidad, una historia de superación y poder absoluto. Sus muros comenzaron a levantarse en la década de 1860 bajo el mando de Si Moussa, un hombre de ascendencia humilde que llegó a ser el Gran Visir del sultán. Sin embargo, fue su hijo, Ba Ahmed, quien llevó el palacio a su máxima expresión entre 1894 y 1900. Ba Ahmed era un personaje fascinante y, según las crónicas, extremadamente poderoso; fue el regente que manejó los hilos del estado durante la juventud del sultán Abdelaziz. Para construir lo que ves hoy, empleó a más de 2000 de los mejores artesanos del país, traídos especialmente desde ciudades como Fez y Tetuán. Estos maestros trabajaron incansablemente en el zellige, ese mosaico de azulejos cortados a mano, y en el tallado de madera de cedro del Atlas. Una curiosidad física: notarás que todo el palacio está construido en una sola planta baja. Se dice que Ba Ahmed era un hombre de gran corpulencia y sufría problemas de movilidad, por lo que el arquitecto diseñó todo el complejo sin una sola escalera para que pudiera recorrerlo íntegramente.