Para entender Bonaventure, debemos retroceder a la década de 1760, cuando el coronel británico John Mullryne estableció aquí su residencia y plantación. Durante la Guerra de la Independencia, este lugar fue escenario de conflictos estratégicos; de hecho, se cree que bajo este suelo descansan más de seiscientos soldados franceses y haitianos en tumbas sin marcar, tras el asedio de Savannah en 1779. Tras la guerra, la familia Tattnall recuperó la tierra, pero no fue hasta 1846 que el capitán Peter Wiltberger compró el terreno con el sueño de crear un cementerio privado. Su hijo, William, transformó el sitio en el Cementerio Evergreen, capturando el espíritu del movimiento de cementerios rurales de la era victoriana, donde los entierros se diseñaban como parques naturales para el disfrute de los vivos. Finalmente, la ciudad de Savannah lo adquirió en 1907, convirtiéndolo en el tesoro público que recorres hoy.